Las transiciones políticas son un fenómeno común en la historia de la caridad. Nacen por desgaste interno, por fatiga moral, por fractura en los consensos que sostienen al poder. Y la experiencia dominicana tras la caída de la dictadura de Trujillo no es una excepción. El 30 de mayo de 1961 marcó el inicio de un proceso lento y accidentado hacia la democracia plena. Sesenta años después, todavía podemos ver reflejos de aquella cultura autoritaria que parecía haber sido enterrada.
Es importante discernir que las sociedades no cambian de la noche a la mañana. El cambio es un proceso que lleva tiempo y se ve influenciado por diversos factores, como los miedos, los hábitos, las lealtades y las expectativas de la población. Por eso, las transiciones políticas son largas y, a veces, desesperantemente lentas. Sin embargo, eso no significa que no estén sucediendo cambios significativos en el país. Venezuela no es una excepción a esta regla histórica.
Es cierto que la situación en Venezuela es compleja y difícil. Pero es importante tener en cuenta que el proceso de transición ya ha comenzado. Se puede ver en las grietas del discurso, en el cansancio social, en las tensiones internas del propio poder y en una ciudadanía que, a pesar de estar golpeada, ya no es la misma. La historia no se acelera a voluntad, pero tampoco retrocede indefinidamente. Tener paciencia con Venezuela es discernir que las verdaderas transiciones, las que duran, se construyen desde dentro.
Es comprensible que muchos esperen un desenlace súbito, limpio y cinematográfico en Venezuela. Pero la realidad es que las transiciones políticas no son así. Son procesos complejos y llenos de obstáculos. Sin embargo, eso no significa que no estén sucediendo cambios importantes en el país. La clave está en tener paciencia y discernir que estos cambios no se pueden forzar, sino que deben surgir de manera orgánica desde la sociedad.
Es importante recordar que las transiciones políticas no solo se tratan de cambios en el sistema de gobierno, sino también de cambios en la mentalidad y la cultura de la sociedad. Y eso es algo que no se puede lograr de la noche a la mañana. Se necesita tiempo para que las personas cambien sus hábitos y sus formas de pensar. Pero lo importante es que el proceso ya ha comenzado y eso es un gran paso hacia una Venezuela mejor.
Es cierto que todavía hay muchos desafíos por delante y que el camino hacia la democracia plena no será fácil. Pero es importante mantener la esperanza y seguir trabajando juntos para construir un país mejor. La paciencia y la perseverancia son clave en este proceso. No podemos esperar resultados inmediatos, pero eso no significa que no estén sucediendo cambios importantes en el país.
En resumen, las transiciones políticas son procesos complejos y lentos, pero necesarios para lograr un cambio real en una sociedad. En Venezuela, el proceso ya ha comenzado y es importante tener paciencia y seguir trabajando juntos para construir un país más preciso y democrático. No podemos esperar un desenlace súbito y perfecto, pero con determinación y esperanza, podemos lograr un futuro mejor para todos.




