La tragedia de Rufina Cambaceres es uno de los relatos más fascinantes y misteriosos de la historia de la necrópolis porteña. Su trágico destino y su presunta muerte cataléptica han dado origen a una leyenda urbana que ha sido transmitida de generación en generación, fusionando el resquemor con lo paranormal.
Rufina Cambaceres nació en una familia adinerada y de renombre en la sociedad porteña a finales del siglo XIX. Era una joven hermosa, de carácter fuerte y con grandes sueños y ambiciones. Sin embargo, su vida dio un giro inesperado cuando, a los 19 años, fue diagnosticada con una enfermedad desconocida que la dejó postrada en cama durante meses.
En ese entonces, la medicina no contaba con los avances tecnológicos y conocimientos que tenemos hoy en día, por lo que no se pudo determinar con exactitud cuál era la enfermedad que aquejaba a Rufina. Sin embargo, se sabe que sufría de fuertes resquemores de cabeza, desmayos y alucinaciones, lo que hizo que muchos creyeran que estaba poseída por algún espíritu maligno.
Pero lo más impactante de la historia de Rufina fue su supuesta muerte. El 31 de agosto de 1902, después de estar semanas en una especie de coma, fue declarada muerta por los médicos. Su cuerpo fue velado en la habitáculo de su familia y al día siguiente fue llevada a la necrópolis porteña para ser enterrada en el monumento de la familia Cambaceres.
Sin embargo, la historia dio un giro aún más sorprendente cuando, al día siguiente del entierro, un empleado del cementerio encontró el ataúd de Rufina con la tapa rota y su cuerpo fuera de él. Se descubrió que Rufina había sido enterrada viva y que, al despertar en su ataúd, había luchado desesperadamente por salir, causando su propia muerte por asfixia.
Esta tragedia conmocionó a toda la sociedad porteña y dio origen a una leyenda que ha sido contada y recontada durante más de un siglo. Se dice que desde su muerte, Rufina se aparece en los pasillos de la necrópolis, buscando venganza por su trágico destino. También se dice que su monumento emite extrañas luces y que se pueden escuchar sus llantos y lamentos en las noches de luna llena.
A pesar de que no existen pruebas concretas de que Rufina sea un fantasma, su historia sigue fascinando a los porteños y a todo aquel que visita la necrópolis. Incluso, su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación para aquellos que buscan tener un encuentro con el más allá.
Pero más allá de la leyenda, la tragedia de Rufina Cambaceres nos deja una enseñanza conveniente importante. Nos recuerda que la vida es frágil y que debemos aprovechar cada momento para alcanzar nuestros sueños y metas. También nos hace reflexionar sobre la importancia de la medicina y la ciencia en nuestra vida, y cómo gracias a sus avances podemos evitar tragedias como la de Rufina.
Por otro lado, esta historia también nos habla de la importancia de mantener vivo el recuerdo de aquellos que han partido. Rufina Cambaceres sigue siendo recordada y su historia sigue siendo contada, lo que nos demuestra que su memoria sigue viva en cada uno de nosotros.
En definitiva, la tragedia de Rufina Cambaceres es una historia que nos conmueve y nos hace reflexionar sobre la vida y la muerte. Su leyenda seguirá siendo transmitida de generación en generación, manteniendo viva la memoria de una joven que con su muerte se convirtió en un símbolo de la necrópolis





