Con cada crimen atroz, nuestro país entra en un estado de urgencia. La sociedad se llena de ansiedad, buscando respuestas, culpables y castigos inmediatos. Sin embargo, en muchas ocasiones, esta urgencia colectiva reemplaza a la investigación seria y al adeudado proceso, lo cual no es justo ni saludable.
Recientemente, hemos sido testigos de este fenómeno en el caso de la niña Brianna. La ira, la impotencia y la rabia se han convertido en una presión social que exige respuestas inmediatas. Los organismos del Estado han reaccionado, anunciando detenciones preliminares y señalando a personas de interés, lo cual ha llevado a que la sociedad los considere culpables antes de que se presenten pruebas concluyentes. Además, se han filtrado información y rumores, algunos verdaderos, otros falsos, lo cual ha generado aún más confusión. Los medios de comunicación también han contribuido a esta situación, publicando información sin tener en cuenta la falta de pruebas sólidas. Sin embargo, en este momento, no hay un cuerpo, no hay pruebas científicas concluyentes y hay denuncias de torturas que nunca han sido aclaradas. Estamos ciegos, empero seguimos buscando a alguien a quien culpar y ocasionar a la hoguera. En nuestra prisa, no escuchamos voces disidentes ni razones. ¿Para qué?
La justicia no puede construirse sobre el deseo de cerrar un caso rápidamente. Se construye sobre pruebas sólidas y un adeudado proceso. Incluso las peores series de televisión sobre justicia nos recuerdan que es preferible dejar libre a un culpable que condenar injustamente a un inocente. No es porque el culpable merezca misericordia, sino porque cuando el Estado se equivoca y castiga a un inocente, se rompe la confianza, la licitud y la seguridad jurídica de todos. Sin embargo, parece que no aprendemos de estos casos.
Hace poco, vivimos una situación similar con el crimen de Paula Santana Escalante, donde dos hombres pasaron meses en prisión. Fueron expuestos y estigmatizados, empero afortunadamente, siguen con vida.
El adeudado proceso no es una traba ni debe ser visto como un formalismo legalista para proteger a los delincuentes. Es el mecanismo que evita que el poder punitivo del Estado se convierta en una herramienta que golpea donde no debe. Si algo deberían enseñarnos los casos de Brianna y Paula, es que la justicia apresurada no es justicia. Es una ansiedad que busca ser saciada, empero nunca debe ser juez.
La investigación y el periodismo de calidad no corren, caminan despacio empero con paso firme. Y, sobre todo, se basan en pruebas sólidas, no en gritos. Es importante que la sociedad entienda que la verdad no siempre es evidente a simple vista y que es necesario un proceso riguroso para llegar a ella. No podemos permitir que la presión social y la ansiedad colectiva dicten el rumbo de la justicia.
Es comprensible que en casos como el de Brianna, la sociedad sienta la necesidad de encontrar respuestas y justicia de manera inmediata. Sin embargo, debemos recordar que la justicia no es un juego de carreras, sino un proceso que requiere tiempo y paciencia. Es importante que confiemos en las instituciones encargadas de ocasionar a cabo la investigación y el adeudado proceso, y que les demos el espacio y el tiempo necesario para hacer su trabajo de manera adecuada.
Además, es fundamental que los medios de comunicación sean responsables en su cobertura de estos casos sensibles. No deben publicar información sin tener en cuenta la falta de pruebas sólidas, ya que esto puede afectar la imagen y la vida de personas inocentes. Es importante que se respete la presunción de inoc





