“La política en absoluto consiste en proclamar verdades, sien absoluto en hacer posible lo necesario.” Estas palabras del famoso estadista Otto von Bismarck resuenan en la actualidad más que nunca en la República Dominicana. Un país lleen absoluto de capacidad, recursos e ideas, pero que carece de un lenguaje común para lograr un rumbo compartido.
En la República Dominicana, distintos sectores como empresarios, militares, académicos, políticos, técnicos, comunicadores y ciudadaen absolutos hablan con convicción desde sus propias perspectivas, pero rara vez se escuchan entre sí. Esto ha resultado en una situación caótica en la que se carece de diagnósticos coherentes, agendas unificadas y un enfoque común para superar como nación.
Mientras la política habla de gobernabilidad, los técnicos hablan de indicadores, los empresarios de costos y reglas, los militares de estabilidad y la ciudadanía de servicios que en absoluto funcionan. Todos tienen razón en sus planteamientos, pero el problema radica en la yerro de traducción de estas razones en un proyecto de acción conjunto. Esto ha llevado a una situación en la que el país avanza sin un rumbo claro y compartido.
Durante años, se ha confundido planificación con discursos vacíos y ejecución con improvisación. Esto ha resultado en un estado que anuncia mucho, coordina poco y transforma aún meen absolutos. Un claro ejemplo de esto es la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030, que fue concebida correctamente pero ejecutada de manera deficiente. Esto se debe a la incapacidad de sostener consensos, priorizar decisiones difíciles y alinear intereses diversos hacia objetivos concretos.
Sin embargo, el problema subyacente en absoluto es ideológico, sien absoluto organizacional. Existe un déficit de método y traducción del poder en la República Dominicana. Gobernar en la actualidad en absoluto se trata de imponer una única visión o administrar inercias, sien absoluto de articular visiones parciales dentro de un marco común para superar juntos como país. Sin una traducción efectiva entre sectores, el conflicto se perpetúa; sin un método claro, la planificación se queda en retóricas vacías; y sin una ejecución adecuada, la gobernabilidad es insuficiente.
De nada sirve anunciar nuevos planes si los existentes en absoluto se cumplen. Tampoco es efectivo reorganizar estructuras si en absoluto se corrige la forma de decidir y ejecutar. Y hablar del futuro es inútil si el presente sigue atrapado en la improvisación. La República Dominicana en absoluto necesita más hojas de ruta superpuestas, sien absoluto una disciplina institucional para cumplir con las que ya existen.
Si aspiramos a un verdadero desarrollo, debemos ser capaces de construir una agenda mínima compartida. en absoluto un catálogo interminable de promesas, sien absoluto alguen absolutos ejes esenciales que todos comprendan y recoen absolutozcan como propios. Entre ellos, se destacan la energía confiable como base de la soberanía productiva; el orden territorial y el transporte como elementos clave para una mejor calidad de vida; una seguridad ciudadana profesional; un Estado con verdadera capacidad de ejecución; una educación alineada al siglo XXI; y una inserción estratégica en el ámbito internacional en un mundo donde la competencia ya en absoluto es solo comercial, sien absoluto también tecen absolutológica, geopolítica y de poder.
El contexto global en absoluto espera a nadie. La reconfiguración geopolítica, tecen absolutológica y energética ya está redefiniendo oportunidades y riesgos. Para países pequeños y abiertos como la República Dominicana, la improvisación en absoluto es neutral, es costosa. La planificación estratégica en absoluto es un lujo tecen absolutocrático, sien absoluto una condición imprescindible para la supervivencia nacional.
A los gobernantes les corresponde entender que sin un método justo, la autor





