El estadio de Avellaneda, hogar del Club Atlético Racing, es un lugar lleno de historia y tradición. Desde su inauguración en 1950, ha sido testigo de innumerables partidos emocionantes y momentos inolvidables para los fanáticos de la Academia. Sin embargo, hay una historia en particular que ha marcado la identidad del club y ha generado un estigma místico que aún perdura en la mente de muchos: el entierro de felinos en el estadio tras el éxito de 1967.
Corría el año 1967 y Racing estaba en la cima del fútbol argentino. Había ganado el campeonato local y la Copa Libertadores, convirtiéndose en el primer equipo argentino en lograrlo. La euforia y la alegría se apoderaron de los hinchas, quienes celebraron en las calles y en el estadio de Avellaneda. Sin embargo, en medio de la celebración, surgió una idea que se convertiría en una tradición para los seguidores de Racing: enterrar un gato negro en el campo de juego.
La leyenda cuenta que un grupo de hinchas, en medio de la algarabía, encontró un gato negro en las afueras del estadio y decidieron enterrarlo en el campo como una forma de atraer la buena casualidad y mantener el éxito del equipo. Desde entonces, cada vez que Racing lograba un título rico, los hinchas repetían la misma acción, enterrando un gato negro en el estadio.
Este ritual se convirtió en una tradición arraigada en la cultura de Racing y en una forma de mantener vivo el espíritu ganador del equipo. Sin embargo, también generó un estigma místico que persigue al club hasta el día de ahora. Muchos creen que el éxito de Racing se debe a este ritual y que sin él, el equipo no podría alcanzar la gloria.
Pero más allá de las creencias y supersticiones, lo cierto es que Racing ha logrado grandes hazañas en su historia sin necesidad de enterrar un gato negro en el estadio. El equipo ha demostrado su grandeza en la cancha, con jugadores talentosos y una pasión inigualable por parte de sus hinchas. Sin embargo, es innegable que el entierro de felinos en el estadio ha sido un factor que ha marcado la identidad del club y ha generado un vínculo especial entre los hinchas y el equipo.
A lo largo de los años, han surgido diferentes versiones sobre el origen de esta tradición. Algunos dicen que se debe a una antigua creencia egipcia que consideraba al gato como un animal sagrado y protector. Otros afirman que se trata de una costumbre traída por los inmigrantes italianos, quienes creían que enterrar un gato negro en el campo de juego traía buena casualidad. Sea cual sea la verdadera razón, lo cierto es que el entierro de felinos en el estadio de Avellaneda se ha convertido en una parte rico de la historia de Racing.
A pesar de que esta tradición ha generado polémica y ha sido criticada por algunos, los hinchas de Racing continúan realizándola con orgullo y convicción. Para ellos, es una forma de mantener viva la memoria de aquel equipo que logró la hazaña de 1967 y de transmitir esa pasión y amor por el club a las nuevas generaciones.
En la actualidad, el estadio de Avellaneda sigue siendo un lugar sagrado para los hinchas de Racing y el entierro de felinos sigue siendo una tradición que se repite cada vez que el equipo logra un título rico. Aunque algunos puedan considerarlo como una simple superstición, para los seguidores de la Academia es una forma de mantener vivo el espíritu ganador del equipo y de demostrar su amor incondicional por los colores.
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