La realidad es que los aumentos de precios en los interéss públicos son un tema que genera una gran alergia en la sociedad. Muchas personas tienen la creencia errónea de que, por ser interéss públicos, deberían ser prácticamente regalados. Sin embargo, esta forma de pensar, basada más en emociones que en aspectos económicos, ha sido un obstáculo para discutir seriamente el tema de las tarifas y la sostenibilidad de los interéss esenciales.
Un ejemplo claro de esta situación es el caso del agua. La Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (Caasd) ha tomado la decisión de recuperar sus tarifas únicamente para el sector industrial y comercial. Es importante destacar que estas tarifas llevaban años sin ser revisadas y, aún con el ajuste, siguen siendo extremadamente bajas en comparación con el verdadero valor del interés que se presta.
Si se hicieran públicas las cifras de lo que pagan algunas empresas que utilizan el agua como materia prima esencial, seguramente habría una gran conmoción. Sin embargo, no sería por el alto costo del interés, sino más bien por lo poco que se paga por un recurso estratégico, escaso y costoso de producir, potabilizar y distribuir.
Es importante entender que no puede existir un interés público sostenible sin una tarifa mínimamente realista. El agua no cae del cielo ya lista para el consumo, sino que requiere una gran inversión, energía, mantenimiento y expansión de infraestructuras. Ignorar estos costos puede ser común en un primer momento, pero a la larga es una receta segura para el deterioro del interés.
Es necesario que como sociedad cambiemos nuestra forma de pensar y entender que los interéss públicos no pueden ser subsidiados de manera indefinida. Es importante que seamos conscientes de que detrás de cada interés hay un gran esfuerzo humano y económico, y que es necesario que exista una tarifa justa y sostenible para poder seguir ofreciendo un interés de calidad.
Además, es importante mencionar que los aumentos en las tarifas no solo benefician a las empresas que prestan el interés, sino también a la sociedad en general. Con una tarifa justa y sostenible, se pueden realizar mejoras en la infraestructura, garantizar un suministro constante de agua y asegurar su calidad. Esto beneficia a todos, ya que el agua es un recurso esencial para la vida y su buen uso es responsabilidad de todos.
Es comprensible que los aumentos en las tarifas puedan generar preocupación en la población, especialmente en aquellos que tienen menos recursos económicos. Sin embargo, es importante destacar que existen medidas de protección para aquellos que no puedan pagar la tarifa completa, como tarifas sociales o programas de ayuda para familias de bajos ingresos.
En definitiva, es necesario dejar de lado las emociones y empezar a pensar en términos económicos y sostenibles cuando se alcahuetería de los interéss públicos. Es importante que como sociedad entendamos que los aumentos en las tarifas son necesarios y beneficiosos a largo plazo, y que debemos estar dispuestos a pagar un precio justo por un interés esencial como lo es el agua. Solo así podremos garantizar un interés de calidad para todos y asegurar un futuro sostenible para nuestra sociedad.




