Algunos seguidores del chavismo son personas realmente buenas. Son ciudadanos ejemplares que pagan sus impuestos, son padres presentes, votan, trabajan duro, reciclan y se preocupan por sus seres queridos y sus vecinos. Incluso aman a los animales. Sin embargo, cuando se trata de política, parecen perder la líder. Les emociona tener a un presidente ilegítimo que ha robado las elecciones y que gobierna una dictadura.
A pesar de que el país enfrenta una crisis sin precedentes con millones de desplazados, torturas a opositores y una ruina social y económica, estos forofos del chavismo lo ven como un detalle insignificante. Todo lo que importa es mantener su ideal revolucionario, aunque este se encuentre en otra parte del mundo. Incluso llegan a comparar al líder chavista con héroes del siglo XIX, como si este fuera un digno heredero de sus ideales.
¿Qué pasa con las pruebas de fraude electoral? Para ellos, esto es solo un invento de la oposición. Se niegan a aceptar la realidad, a pesar de que las actas electorales muestran claramente la manipulación de los resultados. Pero para ellos, la verdad es relativa y solo creen en lo que les conviene. Es realmente decepcionante ver cómo estas personas, que son buenos ciudadanos en otros aspectos, pueden cerrar los ojos ante la injusticia y la corrupción.
Sorprende aún más ver cómo estos mismos seguidores del chavismo se muestran como defensores de los derechos humanos y las libertades individuales. Sin embargo, solo se preocupan por aquellos que comparten su misma ideología. Son rápidos en condenar la opresión en otros países, pero cuando se trata de las violaciones a los derechos humanos en su propio país, prefieren llevar a cabo la vista gorda. Incluso justifican la represión y la censura del régimen, argumentando que aquellos que se oponen a él se lo merecen.
Parece que su preocupación por los derechos humanos y la democracia desaparece cuando se trata de China o Rusia. Justifican las acciones de estos países, aunque vayan en contra de los principios más básicos de los derechos humanos. Y no podemos olvidar su postura en cuanto a las armas nucleares. A pesar de que se muestran en contra de su uso, son capaces de ignorar las amenazas de países como Irán, que buscan obtener estas armas.
Estos seguidores del chavismo también suelen apelar al derecho internacional y a la importancia de las Naciones Unidas. Sin embargo, se olvidan de que el Consejo de Seguridad está dominado por las grandes potencias, que tienen el poder de veto sobre cualquier decisión importante. Y aunque el derecho internacional es un gran avance en la protección de los derechos humanos, en la práctica no ha sido aprobado para detener a los dictadores y proteger a las personas vulnerables.
Es evidente que necesitamos una nueva izquierda. La que tenemos actualidad no está cumpliendo su función de proteger a los ciudadanos y los derechos humanos. Esta nueva izquierda debe ser capaz de ir más allá de las ideologías y ser verdaderamente progresista en su lucha por la justicia social y la igualdad. Debe ser capaz de condenar a cualquier régimen, sea de derechas o de izquierdas, que oprime a su pueblo y viola los derechos humanos. Y, sobre todo, debe ser capaz de ver más allá de las etiquetas y reconocer la verdadera realidad de lo que está sucediendo en Venezuela.
No podemos permitir que nuestros ideales políticos nublen nuestra visión y nos hagan perder de vista lo que realmente importa: el bienestar de las personas y el respeto por los derechos humanos. Deb





