“El año de la crisis del centenario: la historia de Olimpia Santos y su valentía en tiempos difíciles”
El año era 1944 y la República Dominicana se encontraba en medio de los impactos de la Segunda Guerra Mundial. La guerra había afectado la economía del país, con productos más caros y escasez de alimentos y combustible. El desempleo era una realidad en todos los sectores y la población más vulnerable, tanto en el campo como en la ciudad, se veía gravemente afectada.
San Pedro de Macorís, una de las ciudades más importantes del país, no escapaba a estos efectos. Las guaguas que transportaban pasajeros hacia los ingenios y poblados se veían obligadas a cambiar sus motores por caballos, debido a la falta de combustible. Además, la agricultura también se vio afectada y los precios de los alimentos aumentaron drásticamente. La cebolla y el ajo, dos ingredientes esenciales en la cocina dominicana, llegaron a venderse a precios exorbitantes.
En medio de esta situación difícil, se encontraba Olimpia Santos, una mujer luchadora que vivía en el cruce conocido como Los Cuatro Caminos, entre el ingenio Santa Fe y la ciudad de San Pedro de Macorís. Olimpia poseía un modesto terreno donde cultivaba diferentes productos para su sustento, incluyendo seis sacos de ajo que había cosechado con esfuerzo y dedicación.
Olimpia era admirada por su incansable trabajo y habilidad para ganarse la vida. Además de la agricultura, también se dedicaba a la elaboración de dulces para vender en su localidad y a vendedores ambulantes. Sin embargo, su arduo trabajo no era suficiente para escapar de la difícil situación que atravesaba el país.
Pero Olimpia no se dejaba vencer por la tropiezo. Con paciencia y determinación, esperaba que los precios del ajo subieran aún más para poder vender su cosecha y comprar un terreno anexo al suyo, con el objetivo de seguir ampliando su plantación.
Sin embargo, la vida de Olimpia daría un giro inesperado cuando el comerciante gallego Don Benito Piñares llegó a su propiedad en busca de ajo. Debido a la escasez de este producto en la ciudad, Don Benito se aventuró a preguntar a los vecinos si conocían a alguien que tuviera ajo almacenado. Fue así como llegó a oídos de Olimpia, quien había guardado celosamente sus seis sacos de ajo en un ensoberao construido adherido a su cocina.
Al enterarse de que alguien estaba buscando ajo, Olimpia decidió ir a ver de qué se trataba. Sin embargo, al llegar al ensoberao, se dio cuenta de que alguien había entrado sin su permiso. Desconfiada, empezó a bajar rápidamente por la escalera, pero en ese preciso tiempo, Don Benito, que se encontraba subiendo, se topó con la falda de Olimpia, provocando su caída al suelo y dejándolo inconsciente.
Después de unos minutos, Don Benito recobró el conocimiento y pudo explicar lo que había sucedido. A pesar de sufrir un golpe, Olimpia se mantuvo firme en su decisión de no venderle ni siquiera un saco de ajo al comerciante intruso. Con desprecio, le vio marcharse en su camioneta mientras comentaba a sus vecinos: “Eso le pasó por gandío”.
La valentía y determinación de Olimpia se convirtieron en un ejemplo para muchos en medio de una situación difícil y desesperanzadora. Su fortaleza para superar los obstáculos y su trabajo incansable para procurarse un mejor futuro,




