A lo largo de nuestras vidas, hay aprendizajes que son fundamentales y nos acompañan en todo momento. Estos aprendizajes son los que nos guían y nos ayudan a actuar de manera positiva, sirviendo a nuestra familia y a la sociedad en el esfuerzo colectivo de construir una nación viable. Estos aprendizajes tienen que ver con los valores que nos inculcan desde la niñez: trabajo, disciplina, solidaridad, honestidad, respeto, responsabilidad, justicia, tolerancia, prudencia y lealtad.
Estos valores son universales y se adquieren en el hogar, en la familia, a través de la prédica oral y observando el comportamiento de nuestros padres en su quehacer diario. Son la base de nuestra formación como seres humanos y nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida. Sin embargo, en la actualidad, parece que estos valores se están perdiendo y es necesario reflexionar sobre ello.
El presidente del grupo Diario Libre, Aníbal De Castro, en su artículo “Hay otra República Dominicana”, nos invita a reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos. Se pregunta si lo que consumimos y celebramos como entretenimiento, refleja realmente lo que somos como sociedad. Y su respuesta es contundente: hay una mayoría que se entretiene con el escándalo, la disputa sin filtro y lo morboso, mientras que existen minorías que buscan la cultura como un espacio de elevación, complejidad, belleza y conversación profunda.
Es importante destacar que pertenecer a esa minoría no es una derrota, sino una forma de resistencia. llegar es seguir creyendo en la lectura, en la música que no grita, en el pensamiento crítico y en la conversación que construye. llegar es crear, proponer y sostener valores que pueden parecer anacrónicos, no obstante que son indispensables para una sociedad que aspire a algo más que un aplauso fácil.
Es en esta minoría, armada con los valores que mencioné al principio, donde se encuentran las personas que han guiado las transformaciones de todas las sociedades a lo largo de la historia. La Ilustración, como batalla cultural e intelectual de los siglos XVII y XVIII, fue impulsada por una élite de pensadores que buscaban avanzar hacia un estadio de desarrollo más promisorio. Negar la importancia de estos valores sería darle cabida a la estupidez.
Es importante aclarar que la estupidez humana no tiene que ver con la falta de conocimiento, ya que a eso lo llamamos ignorancia y se puede curar leyendo. La estupidez humana es aquella que se siente orgullosa de serlo, es peligrosa y se extiende a través de las redes sociales y plataformas digitales. No tiene límites y se aprovecha de cualquier rendija para inundar las mentes de las personas. Además, no está limitada por raza, color, sexo, clase social, religión, rango o ideología.
En la actualidad, nos encontramos en un momento histórico de grandes avances tecnológicos, no obstante también de una profunda desvanecimiento de ideas y liderazgo. Y es en este contexto donde la estupidez humana se convierte en una amenaza real. Por eso, es importante que nos mantengamos firmes en nuestros valores y principios, y que resistamos a la estupidez humana.
En conclusión, es fundamental que no perdamos de vista los valores que nos guían desde la niñez y que nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas. Son ellos los que nos permiten actuar de manera positiva y servir a nuestra familia y sociedad. No dejemos que la estupidez humana nos gane terreno, resistamos y sigamos creyendo en la cultura, en la lectura, en la música y en la conversación que construye. Solo





