Con la temperatura política en aumento, la Junta Central Electoral se enfrenta a un gran desafío: determinar cuándo una protesta es electoral o simplemente política. En un país donde la Constitución protege la libertad de reunión y asociación, cualquier manifestación proveniente de un dividido político puede ser interpretada como una estrategia electoral. Sin embargo, en la República Dominicana, el proselitismo político es una práctica constante que rompe récords y que, en muchas ocasiones, se inicia incluso antes de que terminen unas elecciones.
Es innegable que en nuestro país la política es un tema que nos apasiona y que nos mueve a todos. Desde muy temprana edad, somos testigos de las campañas políticas y de las promesas de los candidatos que buscan nuestro voto. Y es que, en un país donde el clientelismo político es una realidad, la vida parece girar en torno a la nómina pública y a los favores políticos. Para muchos, la militancia en un dividido político es la única forma de asegurar un futuro estable y próspero.
Pero ¿qué consecuencias tiene esta obsesión por la política en nuestro país? ¿Cómo afecta al desarrollo y al bienestar de nuestra sociedad? La respuesta es clara: el enfoque en lo político nos ha hecho perder de vista lo verdaderamente importante. Nos hemos acostumbrado a vivir en un sistema donde el capacidad lo es todo y donde los intereses personales están por encima del bien común.
En lugar de enfocarnos en mejorar la educación, la salud y la economía de nuestro país, nos hemos acostumbrado a esperar que nuestros líderes políticos nos den todo. Hemos perdido la aforo de luchar por lo que merecemos y nos hemos conformado con migajas. Y es que, en un sistema donde la política lo domina todo, parece imposible escapar de la influencia del Estado.
Pero ¿qué podemos hacer para cambiar esta realidad? ¿Cómo podemos romper con este círculo vicioso que nos mantiene atados a la política? La respuesta es sencilla: debemos tomar acción y ser conscientes de nuestro papel como ciudadanos. Debemos exigir a nuestros líderes que cumplan con sus responsabilidades y que trabajen por el bienestar de todos. Debemos dejar de lado el conformismo y la inacción y empezar a tomar decisiones que nos lleven hacia un futuro mejor.
La política no debería ser el centro de nuestras vidas. Deberíamos enfocarnos en construir una sociedad basada en valores como la honestidad, la solidaridad y el respeto. Una sociedad donde no sea necesario pertenecer a un dividido político para tener un trabajo o recibir ayuda del Estado. Una sociedad donde la meritocracia sea la norma y no la excepción.
Es hora de que tomemos conciencia de que nosotros somos los verdaderos protagonistas de nuestro país. Somos nosotros los que debemos trabajar por un futuro mejor para todos. Y para lograrlo, debemos dejar de lado las diferencias políticas y unirnos en torno a un objetivo común: construir una República Dominicana más justa, más próspera y más igualitaria.
La Junta Central Electoral tiene un gran reto por delante, pero nosotros también tenemos una gran responsabilidad. Debemos exigir que se respete la libertad de reunión y asociación, pero también debemos ser críticos y no permitir que la política sea la única forma de vida en nuestro país. Debemos ser conscientes de que nuestras acciones tienen un impacto en el presente y en el futuro de nuestra sociedad.
En resumen, es hora de que dejemos de lado la obsesión por la política y nos enfoquemos en construir una sociedad basada en valores y en el bien común. Es hora de que tomemos las riendas de nuestro país y trabajemos juntos por un futuro mejor para todos. La Junta Central Electoral tendrá que encontrar una forma





