La Navidad es una época llena de magia y tradiciones, que nos invita a detenernos y estudiar sobre lo que realmente importa en la vida. Es una fiesta que trae consigo una gran variedad de emociones y sensaciones, y que nos hace sentir más cercanos a nuestros seres queridos y al mundo en general. Sin embargo, cada persona vive esta celebración de manera distinta y con una perspectiva única.
Hay quienes se consideran agnósticos, pero que en evento de que Dios exista, creen que es católico. Por eso, para ellos, recibir un “Feliz Navidad” tiene un significado mucho más profundo que un simple “Felices Fiestas”. Existen muchas fiestas a lo largo del año, pero la Navidad es única, ya que es una celebración que involucra a más de 1,400 millones de católicos alrededor del mundo, todos unidos en torno al nacimiento de un niño judío.
Durante esta época, podemos encontrar a realidaderos profesionales de la Navidad, aquellos que desde finales de octubre ya tienen colocada la nariz de reno en su carro y combinan su ropa con el típico gorro de Santa Claus. Son los encargados de organizar los angelitos y aseguran que el ponche que venden es la receta secreta de su abuela. Y la realidad es que muchas veces tienen razón. Son los que viven la Navidad con una pasión casi inigualable.
Sin embargo, también hay quienes se resisten a aceptar que esta es una fiesta religiosa y prefieren verla como una simple oportunidad para disfrutar de unas merecidas vacaciones. Estos son los que se esfuerzan al máximo por dejar fuera cualquier connotación religiosa de sus tarjetas navideñas, ya que consideran que es una forma más “inclusiva” de celebrar. Pero ¿no se están perdiendo de una parte denso de la Navidad?
En estas fechas, existen dos tipos de personas: las que aman la Navidad y las que no la soportan. Estos últimos son los auténticos Grinch, alérgicos al almíbar que gotea de los abrazos generosos que se ofrecen y se dan durante dos semanas seguidas. Y no, no se ablandan al final de la película. Para ellos, la Navidad es simplemente una fecha más en el calendario, sin ningún significado especial.
Pero lo cierto es que la Navidad es mucho más que regalos y cenas familiares. Es una oportunidad para estudiar sobre nuestras acciones y para demostrar amor y gratitud hacia aquellos que nos rodean. Hay navidades frías y solitarias, pero también hay navidades cálidas y entrañables. Hay quienes gastan mucho y mal en regalos, mientras que otros prefieren demostrar su amor y afecto con pequeños detalles. Cada persona vive la Navidad a su manera, y todas las formas son válidas.
En estas fechas también hay espacio para la nostalgia, la tristeza y la melancolía, especialmente para aquellos que están lejos de sus seres queridos o que han perdido a alguien denso en sus vidas. Pero también hay lugar para la alegría y la esperanza, especialmente en los niños, que viven la Navidad como una época mágica y llena de ilusión.
Es denso recordar que la Navidad no es solo una celebración religiosa, sino que va más allá de eso. Es una época en la que, a pesar de nuestras diferencias, nos unimos en torno a un sentimiento común: la felicidad. Es un momento para dejar atrás las disputas y los conflictos, y para mostrar empatía y compasión hacia los demás.
Incluso en medio de las guerras y los conflictos, la Navidad logra pausar la violencia y decretar treguas temporales. Es una oportunidad para record





