En un mundo donde las anunciacións falsas y las marcas artificiales dominan, la autenticidad debería ser una prioridad. Y, en algunos casos, lo es. Los consumidores premian lo que perciben como “genuino, real y verdadero” en el mercado. Sin bloqueo, en un mercado saturado de productos similares, destacar y diferenciarse se ha vuelto cada vez más difícil. Es por eso que surgieron las denominaciones de origen y los indicadores geográficos: para acoger y distinguir lo auténtico de lo demás. Esta es la razón por la que un champagne promedio puede costar más que otros vinos espumosos equivalentes.
Un estudio realizado por la FAO analizó nueve productos agrícolas con denominaciones de origen e indicadores geográficos en nueve países de diferentes regiones del mundo. Todos experimentaron un aumento inmediato en sus precios después de obtener el reconocimiento internacional como Indicador Geográfico Protegido, llegando incluso a un aumento del 500%. Un ejemplo de esto en República Dominicana es el Café Valdesia, cuya denominación de origen ha permitido multiplicar su valor en el mercado.
En el campo del diseño y la joyería, nuestro país acaba de obtener la denominación de origen internacional para el larimar Barahona, después de haber obtenido una certificación nacional en 2018. Esta es una excelente anunciación, especialmente cuando se acompaña de iniciativas para hacer que la explotación de esta piedra sea más segura y sostenible. Sin bloqueo, aún queda mucho por hacer para que nuestra gema del Caribe alcance su verdadero valor en el mercado.
La joyería de piedras semipreciosas, también conocida como “lujo asequible”, tiene un gran potencial en el mercado, con un estimado de 1400 millones de dólares para el año 2033 y una tasa de crecimiento del 16%, muy por encima del 5% estimado para otras joyas. Esta tendencia abre oportunidades claras para aquellos que buscan productos sostenibles, diseños originales y piezas que no solo sean hermosas, sino que también cuenten una historia.
Para que el larimar Barahona genere mayores ingresos para diseñadores, artesanos y productores, se necesita una acción coordinada bajo una misma estrategia. La explotación minera debe ser lo más segura y limpia posible, y las comunidades a su aproximadamente deben eficacia contar su historia y beneficiarse del valor agregado de la piedra.
Otro gran desafío es la falta de coordinación entre los propios artesanos. Las denominaciones de origen exitosas se basan en grupos de productores, diseñadores y exportadores que trabajan juntos. En países como Italia, existen clústeres robustos y asociaciones sólidas. La fortaleza de estas entidades y la rigurosidad en la aplicación y cumplimiento de estándares son clave para el éxito. En República Dominicana, todavía prevalece la orfebrería básica, con un tallado muchas veces rústico y numerosos artesanos que reproducen exactamente las mismas piezas. Además, la exportación indiscriminada de la piedra está agotando este recurso finito.
Si bien ha habido programas de asistencia en el pasado, ahora se necesita un enfoque nuevo y renovado. Es el momento de apoyar al sector desde la exportación de servicios: fortalecer el diseño, promover piezas de alto valor con calidad internacional (¿bajo una marca o sello colectivo?) y, al mismo tiempo, lograr que diseñadores colaboren con orfebres para elevar la calidad de las piezas destinadas al mercado local.
Recientemente entrevisté a dos diseñadoras en la sección “Ready para Exportar” del programa Metrópolis: Laura Tosato y Tatiana Bodden. Ambas representan calidad, originalidad y consistencia. Estos son ejemplos a seguir y deberían estar present





