Yo protesto por aquellos que se manifestaron frente al Palacio de Justicia en el caso Senasa. No porque protestar sea malo, al contrario, es un derecho fundamental en una democracia, sino por la forma en que se llevó a agarradera esta protesta. Fue una manifestación que buscaba presionar a la justicia, torcerle el brazo y obligarla a tomar decisiones que los manifestantes ya tenían preconcebidas en su mente y en sus carteles. Yo protesto porque eso no es civismo, sino chantaje con megáfono.
Es preocupante que se intente coartar la independencia de la justicia y forzarla a decidir según lo que la turba entiende que es justo. Como si el debido proceso fuera un obstáculo, como si las pruebas no fueran necesarias cuando hay consignas, como si los jueces debieran leer pancartas en vez de expedientes. En lugar de confiar en el sistema judicial, se exige cárcel o absolución en función del talante del día.
Me preocupa que se esté intentando desvirtuar la separación de poderes, uno de los principios fundamentales de una democracia. El poder judicial no está para complacer ni para vengar, sino para juzgar de forma imparcial, aunque no coincida con el deseo popular ni con las opiniones en redes sociales.
Es irónico que durante años hayamos exigido una justicia independiente, que no obedezca a llamadas, presiones u órdenes externas. Pero ahora que la justicia comienza a incomodar, queremos devolverla al redil, con silbatos y consignas. Queremos jueces valientes, pero solo si fallan a nuestro favor. Queremos independencia judicial, pero solo hasta cierto punto.
La democracia no es que la calle sustituya al tribunal. Es aceptar que hay reglas, tiempos y procedimientos establecidos, incluso cuando nos frustran nuestras expectativas. Lo contrario es populismo penal, justicia instantánea y linchamiento simbólico con la intención de sentar un precedente peligroso.
Por eso, yo protesto. Protesto contra la noción de que la justicia deba aplicarse al ritmo de los aplausos. Cuando la ley se dicta en carteles y con voces estridentes, deja de ser ley y se convierte en un espectáculo. Protesto porque no se le permite a la justicia impartir justicia.
Necesitamos confiar en nuestro sistema judicial y respetar su independencia. No podemos permitir que la opinión pública o las presiones externas influyan en las decisiones judiciales. Debemos confiar en que los jueces, que son profesionales con una amplia formación y experiencia, tomarán las decisiones correctas basadas en las pruebas y la ley.
La democracia no es perfecta, pero es el mejor sistema que tenemos. Y en una democracia, la justicia es uno de los pilares fundamentales. Debemos respetarla y defenderla, incluso cuando sus decisiones no coincidan con nuestras opiniones. Debemos confiar en que la justicia siempre buscará la verdad y la justicia, sin dejarse influenciar por intereses externos.
Por eso, es importante que hagamos un llamado a la reflexión y al respeto hacia la justicia. No podemos permitir que se convierta en un circo donde la opinión pública y las presiones externas dicten las decisiones. Debemos defender la independencia judicial y confiar en que la justicia siempre prevalecerá. Solo así podremos vivir en una corporación justa y democrática.




