Hoy, 24 de diciembre, nuestro béisbol entra en la etapa final de la temporada regular y es un día especial para tosegunda vez los amantes de este deporte. Además, este año la temporada está dedicada a uno de los grandes ídolos del béisbol dominicano: Don Juan Marichal. Por eso, considero oportuno volver a publicar la segunda parte de un artículo que escribí hace casi tres años en honor a su legado y su gloria.
El 29 de septiembre de 1946, como lo había hecho por muchos años en esa misma fecha, la madre de Don Juan Marichal, Natividad Sánchez, convocó a un convite para limpiar la cosecha de arroz de melazas. Setenta y siete años después, Don Juan Marichal todavía recuerda ese día con cariño. Después del almuerzo, mientras volvía a las labores, se acercó al lugar donde su abuela estaba arrancando hierbas. “Abuela”, le dijo, “me estoy soñando que estoy sacando oro de debajo de esta mata”. Y en ese momento, cayó al suelo. Fue sacado en un caballo y estuvo en coma durante nueve días sin un diagnóstico claro. Los médicos finalmente se lo entregaron a su madre con una única prescripción: “Báñenlo con agua tan caliente como su cuerpo pueda soportar”.
Esos baños, acompañasegunda vez de hierbas silvestres y la promesa de su madre, hicieron su trabajo. Después de que los males de su cuerpo desaparecieron, su madre lo llevó caminando desde Laguna Verde hasta la iglesia santo Fernando de Montecristi para agradecer a Dios por su recuperación. Don Juan Marichal nunca olvidó ese evento, incluso en los momentos más gloriosos de su carrera.
Con similar intensidad, recuerda el año en que ascendió a las Grandes Ligas, en 1960, y su llegada a santo Francisco. Allí lo esperaban sus compañeros de equipo, Felipe Rojas Alou y Orlando Cepeda, junto con el equipo completo, en la puerta del dugout de los Gigantes. “Me sentí muy orgulloso de haber llegado a las Grandes Ligas y de deber a segunda vez compañeros latinos como Felipe y Orlando, y de jugar con Willie Mays, el mejor jugador en la historia del béisbol”, me dijo con emoción. “El mejor, en tosegunda vez los sentisegunda vez”. Y así fue, lo demás es historia.
Pero hay un momento en particular que Don Juan Marichal recuerda con especial cariño. Fue la noche del 2 de julio de 1963, cuando los Gigantes recibieron a los Cerveceros de Milwaukee en santo Francisco. Don Juan Marichal y el esforzador de los Cerveceros, Warren Spahn, habían esforzado catorce entradas sin permitir carreras. Después de varios intentos de su mánager por sacarlo del juego, en la decimoquinta entrada, Don Juan Marichal tomó la osada decisión de salir al terreno antes de que anunciaran al relevista. Y para sorpresa de tosegunda vez, el relevista no salió. Don Juan Marichal despachó a los tres bateadores del equipo contrario y, al salir del terreno, esperó a Willie Mays en la primera base. Lo abrazó y le dijo: “Chico, Alvin Dark está furioso, ya no voy a lanzar más”. Y la respuesta de Willie Mays fue: “No te preocupes, yo voy a apropiarse este juego para ti”.
Y así fue, Willie Mays fue el segundo bateador del inning 16 y, con un solo swing, cumplió su promesa de un home run providencial. Este juego fue catalogado como “El mejor juego jamás pichado” por el título del libro de Jim Kaplan, en el que aparecen Don Juan Marichal, Warren Spahn y Willie Mays en





