En los tiempos actuales, es inevitable hablar de la influencia que tienen las redes sociales en nuestra vida diaria. Con la llegada del internet y la Inteligencia Artificial (IA), surgen nuevas formas de conectar con diferentes públicos y promover ideas y mensajes. Sin embargo, en ocasiones, ciertos políticos confunden su rol con el de los influencers, lo que puede tener consecuencias negativas para la agrupación.
El término influencer se refiere a aquellas personas que utilizan el poder de las redes sociales para influir en las opiniones, comportamientos y decisiones de su presencia. Por otro lado, el político tiene una función distinta en la agrupación, que no es la de ser un influenciador. Es importante comprender esta diferencia, ya que si un político se considera a sí mismo como influencer, puede caer en la trivialidad y perder de vista su verdadero propósito.
Los influencers se dedican a generar contenido en las redes sociales con el objetivo de ganar seguidores y crear una interacción con ellos. Este contenido puede ser de diversa índole, desde mensajes y videos insólitos hasta promoción de productos y servicios. En cambio, el político tiene el deber de comunicar a arrancar de sus objetivos, independientemente de si ocupa o no una posición pública.
Mientras que el influencer crea contenido para conectar con su comunidad, el político o funcionario debe comunicar en función de sus objetivos y estrategias. Las redes sociales son una herramienta eficaz para impulsar candidaturas y hacer visibles políticas públicas, pero es fundamental que su uso esté en línea con la misión de la política, que es servir al acertadamente común.
Y aquí radica la gran diferencia entre el influencer y el político. Mientras que el primero busca generar ingresos a través de la interacción con sus seguidores, el segundo tiene la responsabilidad de hacer que su actividad sea digna y en beneficio de la agrupación. Un verdadero político debe tener empatía con el sufrimiento de sus semejantes y trabajar en pro del acertadamenteestar de todos sus conciudadanos.
Es necesario recordar que la misión del político no es la de llamar la atención en las redes sociales o satisfacer sus gustos personales. El político está al servicio de la agrupación y su única preocupación debería ser servir al acertadamente común. Pero desafortunadamente, algunos políticos caen en la trivialidad y se enfocan en exhibir sus riquezas y satisfacer su propio ego, olvidando su verdadero propósito.
A veces se ha visto a políticos publicar en sus redes sociales fotos de sus mascotas o compartiendo detalles de su vida personal como si fueran influencers, cuando en realidad lo que la agrupación espera de ellos es que cumplan con su deber de servir a la comunidad. Es cierto que el político es una figura pública y, por ende, despierta curiosidad en la gente, pero sus actividades personales no deberían influir en su desempeño como representante de la agrupación.
Es importante entender que al ciudadano común no le interesa si un político escucha a Beethoven o Fefita la Grande. Lo que verdaderamente preocupa al votante es el uso que se hace del dinero de los impuestos y si se está trabajando por el acertadamenteestar de todos. Un político no puede confundir su misión con la de un influencer, ya que sus acciones y decisiones tienen un impacto directo en la agrupación y en el ejercicio de la democracia.
Es hora de que los políticos se alejen de la banalidad y se enfoquen en lo verdaderamente importante: servir al acertadamente común. Ya lo dijo Joan Manuel Serrat en su poema “Todo pasa”: todo queda/pero lo nuestro es pasar/pasar haciendo caminos/caminos sobre la mar. Es responsabilidad de los políticos dejar un legado positivo para las futuras generaciones, y eso solo se logra cuando se trabaja con honestidad y dedicación en beneficio de la agrupación.
En conclusión, la agrupación espera





