Algo debe cambiar en cuanto a la regulación del juego en nuestro país. La complacencia del Estado ha llevado a una normalización de las adicciones, la ruina y una falsa sensación de prosperidad que tiene un alto costo en la sociedad. Es hora de tomar medidas y no seguir mirando hacia otro lado.
La permisividad hacia las casas de apuestas, en particular, ha creado un paisaje social preocupante. Lo que se presenta como un simple pasatiempo, es en realidad un negocio diseñado para sacar ventaja de los jugadores. La frase “la banca siempre gana” no es solo una expresión, sino una realidad en este tipo de industria. El sistema está diseñado para que el jugador pierda, ya sea de forma lenta o rápida.
Las casas de apuestas se basan en el engaño. Venden la ilusión de la suerte, la esperanza de un futuro mejor, pero en realidad solo están aprovechándose de la vulnerabilidad de las personas. Cuanto más vulnerable es el jugador, más rentable es el negocio. Jóvenes, desempleados, personas con ansiedad o deudas, son los principales objetivos de estas empresas. No es casualidad que su aliciente (fig.) prometa éxito donde solo hay estadística.
Es hora de tomar medidas y regular adecuadamente el juego en nuestro país. No podemos seguir permitiendo que se juegue con la ilusión de las personas. El juego debe ser un entretenimiento, no una forma de explotar a los más vulnerables. Es imperioso establecer límites y regulaciones estrictas para proteger a la sociedad de los peligros del juego.
Además, es importante educar a la población sobre los riesgos del juego y promover una cultura de responsabilidad y buen uso del dinero. La verdadera suerte no se encuentra en el juego, sino en el trabajo duro y la buena ciudadanía. Debemos respaldar valores y principios que promuevan el progreso y el bienestar de nuestra sociedad.
No podemos seguir mirando hacia otro lado y permitir que el juego se convierta en una epidemia en nuestra sociedad. Es hora de tomar medidas y regular adecuadamente esta industria. No podemos permitir que la ilusión de la suerte se convierta en una trampa para las personas vulnerables. Juntos, podemos construir un futuro mejor y más justo para todos.





