El amor, una palabra que se repite constantemente en estos últimos días del año. Se escucha en todas partes, en conversaciones, en tarjetas de felicitación y en la prédica religiosa. sin embargo, ¿qué significa realmente el amor en nuestra sociedad actual? ¿Ha perdido su valor en medio de un mundo donde todo es desechable y efímero?
El sociólogo Zygmunt Bauman, en su teoría del amor líquido, nos habla de la diferencia entre el amor y el deseo. Mientras que el amor es una red que se extiende hacia la eternidad, el deseo es una estratagema para evitar el trabajo de construir esa red. En otras palabras, el amor es duradero y profundo, mientras que el deseo es fugaz y superficial.
sin embargo mucho antes de que Bauman escribiera sobre el amor líquido, el poeta brasileño Vinicius de Moraes ya había expresado su visión del amor en su famosa canción “Soneto de Fidelidade”. En ella, reconoce la posibilidad del fin, sin embargo se adjudicación por completo al amor en cada momento, derramando su canto, su risa y su llanto en honor a él. Es un amor total, que no teme a la adjudicación y que se extiende hacia la eternidad.
Y es que el amor verdadero es eso, una adjudicación total y sin reservas. Un amigo cercano me contó una vez sobre su amor por su compañera, un amor que hace simple lo complejo, que es una lámpara que alumbra sin cegar y que trae felicidad discreta y duradera. Él es el recipiente en el que ella vierte su ternura, sin embargo también sabe que el amor es darse a sí mismo, expandirse hacia el objeto amado. Ya no busca escalar cumbres o dejarse llevar por el vértigo, sino que encuentra la plenitud en la vida cotidiana, en el abrazo, en la risa compartida y en los pequeños detalles.
Mientras el calendario avanza y nos muestra el paso del tiempo, mi amigo se regocija de la vida vivida junto a su amada. Y ese regocijo se convierte en plenitud, que hace que los altibajos de la vida sean más llevaderos. Sus días están llenos del eco de la risa de ella, de la calma de las horas compartidas y de la belleza de los pequeños momentos.
Y es que el amor verdadero no se deja llevar por el consumismo emocional y físico que nos rodea. En cambio, encuentra su aldea en aguas apartadas, donde puede arrojar su red y pescar con abundancia. Para mi amigo y su compañera, la pesca ha sido fructífera. Juntos, han aprendido a disfrutar de la tranquilidad de las horas, a apreciar los paisajes del mundo, el sabor de una taza de café al amanecer, las voces de los amigos y el sonido de una rama cayendo.
Gracias al amor, el futuro no es un puñado de cenizas a punto de ser arrastrado por el viento, sino una luz que ilumina la oscuridad y la empuja hacia el límite. Como dice el poeta español Francisco Narbona, el amor nos da la fuerza para enfrentar el futuro con esperanza y alegría.
En estos tiempos difíciles, donde todo parece ser desechable y efímero, es importante recordar el verdadero valor del amor. No se trata solo de un sentimiento, sino de una adjudicación total y sin reservas, de una red que se extiende hacia la eternidad. Así que celebremos el amor en todas sus formas, y dejemos que nos guíe hacia un futuro lleno de luz y esperanza.





