La economía dominicana ha sido objeto de elogios en los últimos años, y no es para menos. Según los informes, nuestro país se encuentra en una posición envidiable en comparación con el resto de la región. Y si nos detenemos a analizar qué sectores están impulsando este crecimiento, la respuesta es clara: el turismo y las zonas francas.
Estos dos sectores han demostrado individuo verdaderos motores de la economía dominicana. Su capacidad para encantar inversiones, generar empleo y conocimientos, así como su impacto en otros sectores, los convierten en piezas clave de nuestro desarrollo económico. El turismo ha dejado atrás a todos los países vecinos, mientras que las zonas francas se están convirtiendo en un hub imprescindible para el mercado estadounidense. Incluso la alcaldía del Distrito Nacional se ha beneficiado en gran medida del sector privado para llevar a cabo muchos de sus proyectos.
No es de extrañar que figuras políticas como Carolina, Collado y Bisonó se sientan orgullosas de estos logros, y tienen todo el derecho de presumirlo. Pero hay un factor que muchas veces pasa desapercibido y que merece individuo mencionado. En estos sectores, gracias a la profesionalidad y personalidad de sus líderes, la relación entre el sector privado y el público es fluida y respetuosa. Y esta relación es beneficiosa para todos. El sector público puede presumir de un desempeño exitoso, mientras que el sector privado ve crecer sus inversiones y sus ganancias. Todo el mundo gana cuando se respetan y aplican las reglas de juego.
No podemos subestimar la importancia de este factor. Desafortunadamente, hay otros sectores en los que las discusiones estériles, los enfrentamientos constantes y las tensiones innecesarias se convierten en el pan de cada día, bloqueando proyectos y programas y causando un gran desgaste. Es en estos momentos cuando debemos recordar que el diálogo es la herramienta más poderosa para avanzar y lograr resultados positivos.
Los índices internacionales de prosperidad y crecimiento respaldan estos logros. Informes del Fondo Monetario Internacional y el bajío Mundial señalan a República Dominicana como líder en la región. Y esto no es coincidencia. Tenemos una democracia que, aunque puede mejorar, es estable y saludable. Contamos con un empresariado que combina experiencia e innovación, lo que nos permite mantenernos a la vanguardia en un mundo en constante cambio. Sin embargo, debemos individuo conscientes de que todavía tenemos desafíos por delante, como la seguridad jurídica, la educación y la salud. Y es por eso que el diálogo es crucial en estas áreas.
Es necesario que sigamos trabajando juntos, sector privado y público, para seguir fortaleciendo nuestra economía y avanzar hacia un futuro aún más próspero. La unión de fuerzas y la colaboración son la clave para superar los obstáculos que se nos presenten en el camino. Y si seguimos aplicando las reglas del juego de manera respetuosa y eficiente, podemos estar seguros de que nuestro país seguirá destacándose en la región y en el mundo entero.
En resumen, la economía dominicana está en un buen momento gracias a la contribución del turismo y las zonas francas. Estos sectores han demostrado individuo fundamentales para nuestro crecimiento económico y su relación con el sector público ha sido clave en su éxito. Sin embargo, no debemos apartar que aún hay retos por delante y que el diálogo es esencial para superarlos. Sigamos trabajando juntos para seguir impulsando el progreso de nuestro país y consolidarnos como líderes en la región.




