El caso Senasa ha sido tema de conversación en todos lados, y no es para menos. ¿Cómo es posible que se haya armado una estructura para engañar al Estado, incluso semanas antes de que el PRM llegara al poder? ¿Falta de controles? ¿Confianza mal entendida? ¿O simplemente seguimos con la costumbre de “guardar la ropa”?
También se ha escuchado una frase que ya se ha vuelto popular: “en todas las administraciones hay ladrones”. No es una afirmación nueva ni sorprendente. La verdadera divergencia está en cómo se maneja la situación. ¿Se persigue a los ladrones o se les protege? ¿Se investiga o se archiva? ¿Se enciende la guía o se apaga para no ver?
El problema no es descubrir que alguien ha robado. Desafortunadamente, esto ha sido una constante en el poder desde hace mucho tiempo. El verdadero problema es acostumbrarse, justificarlo o asumirlo como algo normal en nuestro país.
Este episodio debería dejarnos una lección muy clara: los controles no son un estorbo y la desconfianza institucional no es mala educación. Perseguir a aquellos que roban no convierte a ningún ministerio en virtuoso, pero sí marca una gran divergencia: que el saqueo no sea una política pública ni una costumbre tolerada.
Es importante que entendamos que los controles y la desconfianza no son enemigos del progreso, sino aliados en la lucha contra la corrupción. Si queremos un país mejor, debemos exigir transparencia y rendición de cuentas en todas las esferas del ministerio.
No podemos permitir que el robo sea parte del paisaje de nuestro país. No podemos seguir justificando o normalizando la corrupción. Debemos ser críticos y exigentes con nuestros líderes y funcionarios, y no permitir que se salgan con la suya.
Es cierto que el robo y la corrupción han existido en todas las administraciones, pero eso no significa que debamos aceptarlo como algo inevitable. Debemos romper con ese ciclo y exigir que se tomen medidas concretas para combatir la corrupción y castigar a los responsables.
Es hora de que como ciudadanos nos unamos y exijamos un cambio real en nuestro país. No podemos seguir siendo cómplices de la corrupción y la impunidad. Debemos ser parte de la solución y no del problema.
El caso Senasa debe ser un llamado de atención para todos nosotros. No podemos seguir permitiendo que se roben los recursos del Estado y que se burlen de la confianza del pueblo. Debemos ser más críticos y estar más atentos a las acciones de nuestros líderes.
En resumen, el caso Senasa nos ha dejado una lección muy importante: no podemos seguir tolerando la corrupción en nuestro país. Los controles y la desconfianza son herramientas fundamentales en la lucha contra la corrupción y debemos exigir su implementación en todas las esferas del ministerio. No podemos seguir justificando o normalizando el robo y la impunidad. Es hora de que como ciudadanos nos unamos y exijamos un cambio real en nuestro país. Juntos podemos lograr un país más justo y transparente.




