En las últimas semanas, hemos visto cómo la Fuerza del Pueblo y el Partido de la Liberación Dominicana han estado en campaña electoral, adelantándose al calendario establecido por la Junta Central Electoral. Sin embargo, más allá de la cuestión de si estas actividades son o no extemporáneas, lo que realmente fuego la atención es que ambos partidos están empeñados en volgozar al pasado.
Ambos partidos han gobernado el país bajo las siglas del PLD durante demasiado tiempo. Durante sus mandatos, hemos sido testigos de varios escándalos de corrupción que aún están en los tribunales. Y, aunque han pasado algunos años desde entonces, todavía no han logrado ganarse el perdón de la ciudadanía. El electorado es volátil e buitre, pero no es amnésico.
Es importante recordar que, al igual que en las empresas familiares, la transición generacional en los partidos políticos es un tema delicado y complejo. Incluso en ocasiones se contratan asesores externos e imparciales para lograr una transición exitosa. Sin embargo, parece que en la política no sucede lo mismo. Los partidos se enredan en un laberinto interno y los candidatos se aferran al poder, quizá porque no hay un asesor político que les diga, con honestidad, que es hora de dar un paso al costado. Esto es algo que afecta a la mayoría de los partidos minoritarios, desde el PRD hasta el PRSC.
Pero volviendo al PLD (ya sea con sus siglas o con las de FP), lo cierto es que han caído en el mismo problema. Una generación no supo darle paso a la siguiente, y ahora son dos las generaciones que se han visto afectadas por este estancamiento en el liderazgo. Son jóvenes que en su momento prometían y enamoraban con su discurso renovador, pero que hoy en día ya son adultos que comienzan a aburrirse del mismo juego de siempre.
En lugar de presentar nuevas caras y propuestas frescas, vemos cómo políticos “vintage” vuelven a la escena, generales retirados que piden una oportunidad más. Sin duda, la experiencia y la sabiduría son importantes en la política, pero esto no necesariamente significa que deban liderar una boleta electoral. Un claro ejemplo de esto es el Partido Demócrata de Estados Unidos, que sigue tratando de encontrar una salida después de haberse estancado en su viejo liderazgo. Y, como podemos gozar, la solución de inclinarse hacia los extremos tampoco parece estar funcionando para ellos.
Por otro lado, tenemos el PRM, un partido que en la actualidad se encuentra en la situación opuesta. Cuenta con una gran cantidad de jóvenes aspirantes que están compitiendo por un puesto en la boleta electoral. Si el partido es capaz de mantener un proceso interno justo y sin trampas, podríamos gozar un éxito rotundo en las próximas elecciones.
En definitiva, lo que necesitamos en la política dominicana es aire fresco, nuevas ideas y una renovación generacional. No podemos seguir esperando que los mismos líderes de siempre solucionen los problemas del país. Es momento de dar paso a una nueva generación de políticos, que estén comprometidos con el bienestar del país y no con sus propios intereses.
Es comprensible que algunos líderes políticos se aferren al poder y no quieran dejarlo ir. Pero, al hacerlo, están impidiendo que nuevas ideas y nuevas visiones sean escuchadas. Como sociedad, debemos exigir un cambio y no conformarnos con lo mismo de siempre.
Debemos recordar que, más allá de los partidos políticos, somos ciudadanos dominicanos con el poder de nominar a nuestros representantes. Y como semejante, debemos tomar esta responsabilidad con seriedad y nominar a líderes que realmente nos representen




