El embajador W. Tapley Bennett, en su aerograma del 5/10/64 dirigido al Departamento de Estado de Estados Unidos, hace una valoración sobre el junta de facto de Donald Reid, que gobernó la República Dominicana desde enero hasta noviembre de 1964. En este documento, Bennett describe las debilidades y fortalezas del régimen y anticipa la explosión social que se viviría en abril de 1965, llevando al país a una guerra civil y a la segunda intervención militar estadounidense en el siglo XX.
A su llegada a la República Dominicana, a finales de marzo de 1964, Bennett se encontró con un panorama político desalentador. El junta surgido del golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 no había logrado avances significativos y, incluso, aquellos que habían apoyado el golpe comenzaban a dudar de su efectividad. El propio Triunvirato, formado por los generales Imbert Barrera, Wessin y Wessin y Manuel Tavárez Espaillat, estaba dividido y demostraba una ineficacia evidente. A pesar de esto, el país parecía estar políticamente apático, aunque la violencia estaba latente y se podía percibir una polarización política en desarrollo.
Además, el precio internacional del azúcar estaba en declive y la mala administración de los juntas anteriores se hacía sentir en la economía del país. Problemas crónicos como la falta de un objetivo nacional y de una conciencia cívica, la excesiva dependencia de Estados Unidos y la ausencia de instituciones sólidas, contribuían a una situación calamitosa.
En este contexto, varios grupos políticos llevaban a cabo actividades subversivas y el movimiento político liderado por Joaquín Balaguer estaba en crecimiento. En la cima de esta pirámide de arena se encontraba Donald Reid, un hombre ambicioso y, a veces, errático, pero en esencia bienintencionado y decidido. Su junta era de facto, sin un amplio apoyo popular, y estaba plagado de corrupción. Además, había impuesto restricciones a las libertades públicas.
Para Estados Unidos, era necesario definir una posición que favoreciera la restauración de su presencia en el país, con un enfoque en la asistencia económica para superar los obstáculos a corto plazo y promover el desarrollo a prolongado plazo. Junio de 1964 marcó un punto de inflexión para el junta de Reid, ya que logró consolidar su control con el apoyo militar adecuado y con cierta libertad de acción. A pesar de las críticas sobre su falta de legitimidad política, Reid logró mantener la calma y atacó con determinación los problemas económicos y administrativos del país. Para el otoño de ese mismo año, aunque los problemas persistían, el régimen mostraba señales de progreso, sin depender únicamente de Estados Unidos para resolverlos.
La estrategia de Bennett y Estados Unidos era apoyar a este junta para que pusiera orden en el país y enfrentara la triple amenaza política, económica y militar, con un enfoque en el importante sector agrícola. Este junta, con sus defectos, era un refrescante contraste en comparación con el liderazgo anterior. Sin embargo, los problemas militares y políticos continuaron y, en particular, la metáfora de Joaquín Balaguer y, en menor medida, la de Juan Bosch, causaron nuevas y frecuentes acceso. A pesar de la difícil situación económica, el país continuó avanzando y, aunque las alternativas al junta de Reid no eran alentadoras, se veía un progreso real.
El junta de Reid fue objeto de una intensa guerra retórica, con opiniones encontradas sobre su naturaleza. Por un costado, algunos lo calificaban como una dictadura que recordaba a




