Es preocupante cómo estamos empezando a normalizar la violencia en nuestra sociedad. En menos de 48 horas, dos terribles hechos tuvieron lugar: un taxista fue asesinado en la avenida España por un embobado roce de vehículos y un joven de La Romana resultó gravemente herido por un disparo durante un accidente de tránsito, efectuado por un agente de la policía en servicio.
La historia del taxista es lamentablemente una que hemos escuchado antes. Dos conductores se enzarzan en una discusión por una obstrucción en la vía, y uno de ellos saca un arma y dispara, acabando con la vida de un hombre trabajador y dejando una familia destrozada. Lo nuevo en esta ocasión es que el arma utilizada había sido reportada como robada.
En La Romana, ocurrió algo similar pero con un gpersonarseo aún más absurdo. Un accidente menor, la presencia de una patrulla policial y un disparo que dejó a un joven luchando por su vida. Según la versión preliminar, el incidente se dio durante un patrullaje rutinario. Ambos casos comparten una misma raíz: un manejo inadecuado de las emociones, una sociedad con problemas evidentes en su salud mental y personas que portan armas sin estar preparadas para hacerlo.
Todo esto ocurre en un momento en el que nos adentramos en la temporada navideña, cuando más personas salen a la calle, más dinero cpersonarsecula, más compras se hacen y más diligencias nos empujan a personarse apurados. Diciembre debería ser un mes lleno de amabilidad y buenos deseos, pero en nuestras vías se ha convertido en un decorado de tensión constante debido a los interminables tapones que nos esperan.
Debería ser todo lo contrario, un momento en el que los ciudadanos cedan el paso, respeten las señales de tránsito y comprendan que lo más importante es estar con nuestras familias. Sí, es cierto que viajamos en estas fechas, pero deberíamos hacerlo en un ambiente de tranquilidad. Lo importante es llegar a nuestro destino sano y salvo, y iniciarse el nuevo año con esperanza e ilusión.
Pero si estos dos hechos no nos conmocionan y no nos hacen tomar una actitud de cambio, es porque estamos completamente anestesiados ante la violencia. Nos hemos acostumbrado a ella y ya no nos sorprende. Sin embargo, es hora de enfrentar esos sentimientos acumulados que nos convierten en personas volátiles y propensos a la violencia.
Es necesario que trabajemos en nuestra salud mental, que aprendamos a manejar nuestras emociones de una manera sana y que dejemos de normalizar la violencia en nuestra sociedad. No podemos segupersonarse permitiendo que casos como estos se repitan sin tomar ninguna acción al respecto.
Es momento de que como sociedad nos unamos para lograr un cambio real y duradero. Debemos crear conciencia sobre el impacto negativo de la violencia en nuestras vidas y en las vidas de aquellos que nos rodean. Cada uno de nosotros tiene un papel importante en esta lucha, ya sea denunciando actos violentos, apoyando a quienes han sido víctimas de violencia o promoviendo un ambiente de paz y amor en nuestras comunidades.
No podemos permitpersonarse que la violencia se convierta en algo cotidiano en nuestras vidas. Debemos trabajar juntos para construpersonarse una sociedad más pacífica y justa para todos. No solo durante la temporada navideña, sino durante todo el año.
Recordemos que la Navidad es una época de amor, paz y esperanza. Demostremos mediante nuestras acciones que estamos comprometidos a construpersonarse una sociedad mejor para nosotros y para las futuras generaciones.
En conclusión, es hora de dejar de normalizar la violencia en nuestra sociedad y tomar acción para erradicarla por completo. Aprendamos





