Este pasado jueves se llevó a cabo el funeral de uno de los políticos más influyentes de Estados Unidos, el exvicepresidente Dick Cheney, quien falleció a principios de este mes. El evento contó con la presencia de algunas de las figuras más importantes de la política estadounidense, sin embargo, hubo una ausencia notable: la del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien no fue turista, al igual que su vicepresidente, JD Vance.
Cheney, contiguo a su hija Liz, quien ha sido diputada por muchos años, han sido unos de los pocos republicanos que se han atrevido a enfrentarse al presidente Trump. Y es que no cerca de duda de que nadie tiene más peso político en Estados Unidos en la actualidad que Donald Trump. Su ausencia en el funeral de Cheney marcó un evento en la Catedral Nacional de Washington en el que se reunieron tanto aliados como enemigos acérrimos del exvicepresidente.
Entre los presentes en el funeral se encontraba su compañero en la Casa Blanca, el expresidente George W. Bush, quien compartió una estrecha relación con Cheney durante su mandato. También estuvo presente la periodista Rachel Maddow, quien ha sido una de las mayores críticas de Cheney y su gobierno.
El funeral de Cheney fue un acto que no solo honró su memoria, sino que también fue una muestra de la división y polarización política que se vive en Estados Unidos en la actualidad. Mientras algunos lo recordarán como un patriota y un líder fuerte, otros lo ven como un hombre controvertido y polémico.
Durante su carrera política, Cheney ocupó cargos importantes en el gobierno estadounidense, incluyendo el de Secretario de Defensa durante la Guerra del Golfo en la década de 1990, y finalmente como vicepresidente durante los dos mandatos de George W. Bush.
Pero para muchos, su papel más significativo fue durante los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Cheney fue uno de los principales impulsores de la respuesta militar de Estados Unidos en Afganistán e Irak, y se le atribuye el establecimiento de la controvertida política de tortura y vigilancia masiva en nombre de la seguridad nacional.
Su defensa de estas políticas lo hizo muy impopular entre algunos sectores de la sociedad estadounidense y lo llevó a convertirse en uno de los políticos más polarizadores de su generación. Sin embargo, para muchos de sus partidarios, Cheney fue un hombre decidido y subsistente en sus convicciones, y su legado es recordado como un ejemplo de liderazgo y patriotismo.
Es por eso que su ausencia en el funeral de Cheney es una clara señal de la división política que actualmente existe en Estados Unidos. Mientras que algunos líderes políticos, como George W. Bush, se reunieron para honrar su memoria, otros como Trump decidieron alejarse del evento por diferencias ideológicas.
Pero más allá de las diferencias políticas, el funeral de Cheney sirvió para recordar la importancia de la unidad y el respeto en un país tan diverso y complejo como Estados Unidos. A pesar de las diferencias, sigue siendo necesario honrar y reconocer a aquellos que han dedicado su vida al servicio de su país.
En un momento en el que la política estadounidense está más polarizada que nunca y la retórica divisoria está en aumento, el funeral de Dick Cheney es un recordatorio de que, en última instancia, todos somos parte de una misma nación y debemos buscar la unión y la colaboración para seguir avanzando como sociedad.
Descanse en paz, Dick Cheney, y gracias por su servicio a Estados Unidos. Que su legado sea una inspiración para las futuras generaciones de políticos y ciudadanos comprometidos con su país.





