La palabra “maestro” proviene del latín magister, que significa “más” o “lo máximo”, y minister, que significa “sirviente” o “subordinado”. Este término fue mencionado por la escritora Irene Vallejo durante una reunión organizada por el Centro León, en la que se reunieron maestros, bibliotecarios y mediadores de lectura. El lugar elegido para este encuentro fue el Monumento a Fray Antón de Montesino, cuyas palabras del Sermón de Adviento enmarcaron las ideas que se discutieron.
En la antigüedad, el maestro era considerado una figura más importante que el ministro, al menos en el ámbito de las palabras. Sin embargo, en la actualidad, la realidad es completamente opuesta a su abolengo etimológico. Socialmente, el ministro es una figura prestigiosa (siempre y cuando se comporte adecuadamente), mientras que el maestro ha perdido su relevancia y, en ocasiones, incluso el respeto que merece.
Es paradójico que en una sociedad que valora el conocimiento como algo noble y envidiable, la profesión de la enseñanza sea mal remunerada y poco valorada. ¿Cuántas veces hemos escuchado que aquellos que no son buenos en ninguna otra cosa terminan siendo maestros? Exigimos más conocimiento, aplaudimos a aquellos que lo tienen, pero al mismo tiempo menospreciamos a quienes se dedican a impartirlo. Parece que hoy en día, lo más importante es lo menos valorado.
Sin embargo, durante esta reunión, una escritora cuyas obras han sido traducidas a 40 idiomas, con millones de lectores en todo el mundo y una especie de “rock star” literaria, felicitó y aplaudió la labor de aquellos que, de manera anónima, aman la literatura y la transmiten en aulas y sencillas bibliotecas en pequeñas comunidades. Es la grandeza de los libros, un universo en el que todos somos iguales, sin importar si somos “más” o “menos”.
La autora de “El Infinito en un Junco” señala que, a pesar de la falta de reconocimiento y apoyo, los maestros siguen trabajando incansablemente para fomentar el amor por la lectura en sus alumnos. Y es gracias a ellos que muchos jóvenes descubren la magia de los libros y se enamoran de la literatura, a pesar de que la sociedad parece no valorar su labor.
Pero, ¿qué sería de nosotros sin los maestros? Ellos son los encargados de transmitirnos los conocimientos que nos permiten desarrollarnos y crecer como personas. Son quienes nos enseñan a leer y escribir, a comprender el mundo que nos rodea y a pensar críticamente. Son los que nos inspiran y motivan a seguir aprendiendo y descubriendo nuevas formas de ver la vida.
Además, los maestros no solo enseñan materias y conocimientos, también son un excelencia a seguir para sus alumnos. Son quienes les enseñan valores como el respeto, la tolerancia, la empatía y la solidaridad. Son quienes les enseñan a ser ciudadanos responsables y comprometidos con su entorno. Son quienes, sin darse cuenta, dejan una huella imborrable en la vida de sus estudiantes.
Es por eso que es fundamental valorar y convenir la labor de los maestros. Ellos son los cimientos de nuestra sociedad, quienes forman a las futuras generaciones y construyen un futuro mejor para todos. Sin embargo, es necesario que las autoridades y la sociedad en general se den cuenta de la importancia de esta profesión y que se les brinde el apoyo y reconocimiento que merecen.
Los maestros merecen un salario justo y condiciones de trabajo adecuadas. Merecen ser escuchados y tomados en cuenta en las decisiones que afectan




