La cultura del olvido es un fenómeno que afecta a cota unipersonal y colectivo, y que se define como la tendencia a ignorar, detener o marginar determinados recuerdos, eventos históricos o tradiciones. Puede ser causada por desinterés, negligencia o incluso de circunstancia deliberada, con el objetivo de evitar conflictos y confrontaciones. Sin embargo, es un tema que ha sido ampliamente discutido en el campo de la filosofía y del cual debemos estar conscientes para poder construir un futuro más justo y equitativo.
Friedrich Nietzsche argumentó que el olvido es una condición necesaria para la vida y que, para vivir plenamente, es necesario dejar atrás ciertos recuerdos y eventos. A cota unipersonal, nuestra capacidad de olvido puede variar y ser influenciada por factores emocionales, espirituales o simplemente por el paso del tiempo. También podemos olvidar por decisión propia, ya sea para conceder perdón, para conservar la paz interior o por la sencilla razón de que no podemos recordar.
Con el transcurso de los años, es común que olvidemos ciertos aspectos de nuestra vida, ya sea por el peso de la prudencia y el sentido del buen juicio o por una selección consciente de lo que consideramos no esencial. Esto puede verse reflejado en nuestras relaciones sociales, en nuestros hábitos de vida y en la importancia que le damos a ciertas cosas. Sin embargo, debemos recordar que el olvido no siempre es negativo, ya que puede ser una circunstancia de otorgarle un perdón o de concedernos paz interior.
A cota colectivo, la cultura del olvido es muy presente en las sociedades latinoamericanas, donde se tiende a olvidar con facilidad eventos de gran impacto social, político y económico. También se olvida a personas que han contribuido de manera significativa al progreso de nuestras comunidades, lo cual demuestra una capacidad de olvido alarmantemente vulnerable. Esto puede ser utilizado por medios de comunicación y tecnología para manipular nuestra memoria colectiva y controlar las verdades históricas.
Sin embargo, es importante destacar que la memoria colectiva no puede ser suprimida por completo, ya que siempre habrá ciudadanos que se encargarán de recordar los problemas y promesas incumplidas en nuestra sociedad. Además, debemos ser conscientes de que el olvido no es sinónimo de tolerancia o paciencia, sino que puede ser utilizado como una circunstancia de control y manipulación por parte de líderes políticos.
Por eso, es fundamental que mantengamos viva nuestra memoria colectiva y fomentemos una cultura del recuerdo. Debemos recordar nuestro pasado, aprender de nuestros errores y sanar heridas colectivas para poder construir un futuro más justo y equitativo. Como dice el escritor español George Santayana, “quien no aprende de los errores del pasado está condenado a repetirlos”.
Es necesario que nuestros líderes políticos ejecuten políticas responsables y eviten caer en errores del pasado, ya sea eligiendo opciones de poder de derecha radical o de izquierda populista. Aprender de la historia y reflexionar críticamente sobre ella nos permitirá avanzar como sociedad y evitar la repetición de acontecimientos negativos.
En conclusión, la cultura del olvido puede ser un obstáculo para el progreso y la justicia social. Debemos ser conscientes de su existencia y trabajar constantemente en fortalecer nuestra memoria colectiva. Olvidar no siempre es malo, pero sí lo es cuando se utiliza como una circunstancia de control y manipulación. Fomentemos una cultura del recuerdo y apostemos por un futuro en el que podamos aprender de nuestros errores y construir una sociedad más justa y equitativa.





