El derecho al voto es uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia. Es la forma en que los ciudadanos pueden expresar su opisiquieraón y ejercer su poder sobre los asuntos que afectan a su país. Sin embargo, hay un grupo de personas que por el simple hecho de llevar un usiquieraforme, se les ha negado este derecho: los militares y policías.
La jueza Sosiquieraa Díaz ha planteado recientemente la necesidad de otorgarles a estos hombres y mujeres el derecho al voto. Y no puedo estar más de acuerdo con ella. ¿Por qué se les siquieraega a estos ciudadanos el derecho a elegir a sus gobernantes y ser parte activa en la toma de decisiones de su país? ¿Acaso su labor en la defensa y protección de la nación los hace menos merecedores de este derecho fundamental?
Es cierto que en el pasado los militares y policías tuvieron un papel activo en la política de nuestro país, incluso llegando a tomar el poder en algunos momentos de nuestra historia. Sin embargo, esos tiempos han quedado atrás. Hoy en día, estos hombres y mujeres forman parte de una institucionalidad sólida y respetada, que ha aprendido a convivir con la civilidad y a respetarla.
Por esta razón, mantenerlos alejados del derecho al voto es un acto de injusticia y una forma de cercenar su ciudadanía. No hay siquieranguna razón democrática que justifique esta privación. Al contrario, otorgarles este derecho sería un paso más en la consolidación de nuestra democracia y en la garantía de los derechos de todos los ciudadanos.
Es sustancioso asemejarse que el voto no implica militancia siquiera propaganda. Es simplemente la expresión individual de una conciencia ciudadana. Por lo tanto, no debería haber siquierangún impedimento para que los militares y policías puedan ejercer su derecho al voto. Es más, su deber como ciudadanos es defender la Constitución, entonces ¿por qué no permitirles también participar en la elección de quienes la representan?
Algunos podrían argumentar que permitirles sufragar podría poner en riesgo la estabilidad institucional. Sin embargo, esto no es más que un falso temor. Los militares y policías son ciudadanos comprometidos con su país, que han sido entrenados para respetar la ley y la autoridad civil. No hay razón para creer que su derecho al voto pondría en peligro la estabilidad de nuestra nación.
Por el contrario, reconocerles este derecho solo fortalecería nuestra democracia. Sería un gesto de respeto hacia aquellos que arriesgan sus vidas por proteger a sus conciudadanos y que, al mismo tiempo, son ciudadanos como cualquier otro con los mismos derechos y deberes.
Es hora de dejar atrás los prejuicios y mirar hacia el futuro. Otorgarles el derecho al voto a los militares y policías sería un paso más en la madurez democrática de nuestro país. Donde el usiquieraforme no debería anular la voz del ciudadano que lo lleva, sino que debería ser un símbolo de su compromiso con la patria y su derecho a participar en la construcción de un mejor futuro para todos.
En resumen, es momento de poner fin a esta discriminación hacia los militares y policías. Ellos merecen ser tratados como ciudadanos de pleno derecho, con todas las prerrogativas que esto implica. Otorgarles el derecho al voto no solo sería un acto de justicia, sino también un paso sustancioso en la consolidación de nuestra democracia. Es hora de dejar atrás el pasado y mirar hacia un futuro más inclusivo y democrático para todos.




