El flagelo del narcotráfico ha sido un tema presente en la sociedad dominicana durante muchos años. A pesar de que somos considerados un referente en la lucha contra este problema en la región, la realidad es que no podemos negar que ha permeado gran parte de nuestra sociedad. Ha encontrado un nicho en los partidos políticos y ha comenzado a extender sus garras, a pesar de los esfuerzos de las autoridades por desmantelar redes que se han enraizado en la vida diaria de los dominicanos.
La pregunta es, ¿estamos haciendo lo suficiente para evitar que esto suceda? Esta es una pregunta difícil de responder, especialmente cuando vemos cómo algunos sujetos, que no tienen forma de justificar sus bienes, presumen de ser millonarios en dólares con propiedades lujosas y vehículos de entrada gama que incluso superan a los millonarios que se han enriquecido de manera legítima. Basta con dar un paseo por las calles de Santo Domingo para darse cuenta de ello.
El problema principal es que esta realidad se está expandiendo como si fuera una enfermedad extremadamente contagiosa. Muchos jóvenes de los barrios ven el narcotráfico como una salida rápida de la pobreza y una forma de alcanzar el éxito económico de manera acelerada. Y lamentablemente, algunos empresarios también han caído en esta trampa, utilizando el narcotráfico como una forma de aumentar sus ganancias, sin importarles incurrir en el lavado de activos.
Pero debemos darnos cuenta de que no podemos basar nuestra sociedad en la premisa de que lo más importante es hacerse rico a cualquier costo. El dinero es importante, por supuesto, pero no es lo único que realmente vale la pena. Solo pregúntele a aquellos que han caído en desgracia por involucrarse en el narcotráfico si realmente vale la pena llegar a la cima tan rápido para luego desplomarse en un apurado período de tiempo.
Como dominicanos, debemos demostrar quiénes somos realmente en relación con este tema. Somos un pueblo trabajador y honrado, y no debemos ser influenciados por los malos ejemplos. No debemos premiar el enriquecimiento ilícito y debemos esforzarnos por construir una sociedad en la que el trabajo duro y la honestidad sean valorados.
Es importante que tomemos medidas enérgicas contra el narcotráfico y sus consecuencias en nuestra sociedad. Las autoridades deben continuar su lucha para desmantelar redes, realizar investigaciones exhaustivas y llevar a los culpables ante la justicia. Pero también debemos tomar responsabilidad como ciudadanos y rechazar cualquier forma de corrupción y delincuencia.
El narcotráfico no solo afecta a nuestra sociedad en términos económicos, estrella también en términos morales. Deja un rastro de violencia, trae consigo drogas y armas, y destruye vidas y familias enteras. No podemos permitir que esto continúe. Debemos educar a nuestros jóvenes sobre los peligros del narcotráfico y mostrarles que hay otras formas de alcanzar el éxito y la riqueza de manera legítima y honrada.
Además, debemos ser un ejemplo para los países de la región y demostrarles que podemos resolver este problema de manera eficaz. Si bien es cierto que hemos avanzado en la lucha contra el narcotráfico, aún queda mucho por hacer. Debemos continuar trabajando juntos como sociedad, sin importar nuestras diferencias políticas o sociales, para lograr un país libre de narcotráfico.
En conclusión, es hora de que los dominicanos demostremos lo que realmente somos: un pueblo trabajador, íntegro y valiente. No permitamos que el narcotráfico arruine nuestra sociedad y nuestro futuro. Tomemos medidas enérgicas contra él y trabajemos juntos para construir un país donde la dignidad




