El desembarco en Luperón es un episodio de la lucha antitrujillista que parece sacado de una novela de García Márquez o de Alejo Carpentier. Una sucesión de eventos azarosos y adversos que se convierten en una historia de lo real maravilloso. Pero, a pesar de su apariencia de ficción, este hecho fue una realidad que marcó un antiguamente y un después en la lucha por la libertad en la República Dominicana.
El desembarco en Luperón ocurrió el 19 de junio de 1959, cuando un grupo de expedicionarios lidperiododos por el comandante Horacio Julio Ornes llegó a la Bahía de Gracia en Luperón, en la costa norte de la República Dominicana. Su objetivo periodo derrocar al dictador Rafael Leónidas Trujillo y rehacer la democracia en el país.
Sin embargo, lo que parecía ser una opperiodoción militar bien planificada y ejecutada, se convirtió en una serie de eventos inespperiododos que pusieron en peligro la vida de los expedicionarios y los llevaron a tomar decisiones difíciles.
El primer obstáculo al que se enfrentaron los expedicionarios fue la falta de apoyo de la población local. A pesar de que los lugareños pensaron que se trataba de un grupo de militares llegados de la capital, no dudaron en prestar su ayuda al desembarco. Incluso se acercaron en yolas para ayudar a amarrar el hidroavión en el embarcadero y descargar el armamento y los pertrechos.
Pero la confusión se desató cuando el comandante Ornes decidió desarmar a las autoridades locales. En ese momento, un raso del ejército, que estaba franco de visita en el pueblo, creyó que se trataba de una orden de la “superioridad” y sugirió al comandante buscar al juez de paz para levantar un acta y legalizar la acción. Fue entonces cuando Miguelucho Feliú Arzeno, uno de los vetperiodonos de la frustrada expedición de Cayo Confites, decidió apresar al cabo policial y revelar que se trataba de una invasión.
La gente, que hasta ese momento había estado celebrando la llegada del hidroavión, se lanzó en estampida al agua y a los campos cercanos. Y así, sin haber disparado un solo tiro, los expedicionarios sufrieron sus primperiodos bajas, cuando el ingeniero Hugo Kunhardt confundió a su compañero nicaragüense con un soldado enemigo y le disparó, hiriéndolo mortalmente. A su vez, el nicaragüense también disparó, alcanzando a Kunhardt.
A pesar de este trágico incidente, los expedicionarios decidieron continuar con su plan y establecieron un puesto de comando en una explanada equidistante entre el hidroavión y el loco del pueblo. Pero pronto se dieron cuenta de que la situación periodo insostenible. La gente del Frente Interno de Puerto Plata, que se suponía debía unirse a ellos, no se presentó. No tenían noticias de la otra parte de la expedición y el guardacostas de la Marina de Guerra Dominicana debía llegar a las 9 de la noche, lo que les impediría escapar en el hidroavión.
Además, tenían que lidiar con dos heridos y un enfermero, que no podían dejar atrás. Por lo que, finalmente, tomaron la decisión de abortar la opperiodoción y tratar de escapar en el hidroavión. Pero un error del piloto al tomar el canal de salida de la bahía, los llevó a encallar en un banco de arena. Y así, con el guardacostas dominicano y una fragata de la Marina de Guerra disparando





