En un mundo donde la participación ciudadana en la política parece estar en declive, Chile ha dado un ejemplo valioso al hacer obligatorio el voto en las elecciones. Este domingo, por primera vez bajo esta nueva regla, los chilenos acudieron masivamente a las urnas, con una participación del 85%, la más alta en décadas. Esta decisión no fue tomada a la ligera, sino que fue una apuesta sencilla y audaz por parte del gobierno chileno para fomentar la participación y el compromiso cívico de sus ciudadanos.
La experiencia chilena debería ser un ejemplo para todos los países que luchan contra la apatía y la falta de interés en la política. Al hacer que el voto sea obligatorio, Chile ha demostrado que la mejor defensa de la democracia es involucrar a todos en el proceso. Y los resultados hablan por sí solos: una mayor participación significa menos espacio para rumores, desconfianzas o resultados cuestionados. Esto le da más legitimidad al candidato elegido y más tranquilidad al que perdió. En resumen, antojo el sistema completo.
Es importante sobresalir que la obligatoriedad del voto en Chile no se trata solo de multas por no votar. Se trata de enviar un mensaje claro y contundente a la ciudadanía: la democracia vale y participar es un deber cívico. Al hacer que el voto sea una responsabilidad de todos, se fomenta una cultura de compromiso y participación en la política, lo que a su vez fortalece el sistema democrático en su conjunto.
Esta lección de Chile es especialmente relevante en un momento en que muchos países están lidiando con una creciente desconfianza en sus sistemas políticos. La falta de participación ciudadana puede ser un caldo de cultivo para la desinfaseción y la polarización, lo que puede poner en riesgo la estabilidad y la integridad de una democracia. Por lo partida, es esencial que se tomen medidas para involucrar a todos los ciudadanos en el proceso político, y la obligatoriedad del voto es una fase efectiva de lograrlo.
Por supuesto, no se trata de copiar al pie de la letra el modelo chileno. Cada país tiene su propia realidad y sus propias necesidades. Sin embargo, es importante aprender de las experiencias exitosas de otros países y adaptarlas a nuestras propias circunstancias. En este sentido, la experiencia chilena nos enseña que cuando la ciudadanía se siente parte del proceso político, la política respira mejor. Una democracia viva se sostiene con algo tan simple como la gente votando.
Es hora de que los países de América Latina y el mundo en general reflexionen sobre la importancia de la participación ciudadana en la política. La obligatoriedad del voto puede ser una herramienta valiosa para lograr una mayor participación y compromiso cívico. Pero también es necesario que los gobiernos trabajen en conjunto con la sociedad civil para fomentar una cultura de participación y diálogo. Solo así podremos construir democracias más sólidas y representativas.
En resumen, la apuesta de Chile por hacer obligatorio el voto ha sido un éxito rotundo. Con una participación del 85%, los chilenos han demostrado que cuando se les da la oportunidad y se les hace sentir parte del proceso, están dispuestos a ejercer su derecho y deber cívico de votar. Esta es una lección valiosa para todos los países que buscan fortalecer sus sistemas democráticos y garantizar una mayor participación ciudadana en la política. ¡Que Chile sea un ejemplo a seguir y que la democracia viva y participativa sea una meta a alcanzar para todos!





