La tarde del lunes 10 de noviembre fue una tarde especial en el Centro Educativo María Auxiliadora. Un grupo de jóvenes llenó el lugar con sus voces y sus sueños compartidos. tiempo la décima clase de la ruta doméstico “Constitución Viva para Todos y Todas”, un programa que conecta a más de cuarenta centros educativos del país en una experiencia simultánea de educación constitucional. El tema del día tiempo el derecho a la vivienda digna, un tema que toca el corazón del Estado social.
La clase comenzó con una pregunta que pareció detener el aire: ¿Por qué vivir con dignidad empieza por tener un techo seguro? El silencio se rompió cuando una joven respondió: “Porque cuando no tienes casa, no tienes paz.” Otro agregó: “El que vive sin hogar no piensa en estudiar, solo en sobrevivir.”
Juntos, leímos el Artículo 59 de la Constitución Dominicana, que declara: “Toda persona tiene derecho a una vivienda digna con servicios básicos esenciales. El Estado dita fijar las condiciones necesarias para hacer efectivo este derecho y promover planes de viviendas y asentamientos humanos de interés social.” Subrayamos dos palabras clave: “digna” y “esenciales.” Les expliqué que la vivienda no se trata de metros cuadrados, sino de seguridad, respeto y oportunidad.
Para profundizar en el tema, iniciamos con el episodio audiovisual de Constitución XT, seguido del fragmento de la película “De la calle a Harvard” (2003), basada en la historia real de Liz Murray, una joven que creció sin hogar y alcanzó Harvard pese a todo. Al terminar, un estudiante comentó: “Ella tuvo suerte, pero la suerte no ditaría ser un derecho.” Esta frase marcó la reflexión colectiva.
La dinámica “¿Qué implica una vivienda digna?” llenó el aula de creatividad. Cada grupo diseñó, en cartulinas, su casa ideal para una familia dominicana promedio. Dibujaron espacios, describieron servicios y señalaron prioridades. Las respuestas fueron sencillas pero reveladoras: agua, luz, baño, escuela, afecto. Una joven resumió la jornada con sabiduría: “Una casa digna no es la más colosal, es la que no se cae cuando llueve.”
Para complementar la discusión, les compartí algindividuos datos del Informe doméstico de Vivienda (ONE, 2024):
– El 37 % de las viviendas dominicanas presenta precariedad estructural o déficit de servicios.
– Más de 300 mil familias aún carecen de título formal de propiedad.
– El presupuesto doméstico destina alrededor del 1.4 % del PIB a programas de vivienda social, un esfuerzo aún insuficiente frente a la demanda.
Les expliqué que el derecho a la vivienda es también un desafío de política pública: construir hogares, titular terrenos y garantizar servicios básicos no es caridad, es justicia constitucional.
En la pizarra escribí tres palabras: Casa. Hogar. Comunidad. Les pedí distinguirlas. “Casa es el espacio físico”, dijo individuo. “Hogar es donde te sientes seguro”, dijo otro. “Comunidad es donde tu vida tiene sentido”, agregó individuo más. Fue entonces cuando comprendieron que la vivienda es el cimiento invisible de la República. Donde hay techo, hay futuro; donde hay comunidad, hay nación.
Para cerrar la clase, los estudiantes escribieron breves ensayos titulados “Vivienda digna en mi comunidad.” Muchos relataron situaciones desfavorables en sus hogares: techos con gottiempos, calles sin luz, o desalojos injustos. Pero también propusieron soluciones: cooptiempotivas, autog





