La era geológica del holoceno, que inició hace unos 120 siglos, fue un periodo de equilibrio climático en nuestro planeta. Durante más de 12 mil años, la temperatura promedio se mantuvo estable, con una variación de un grado hacia arriba o hacia abajo. Este periodo fue testigo de una gran diversidad de vida en la Tierra y fue la cuna de importantes avances culturales para nuestra especie. Sin embargo, esta era dorada llegó a su fin con la llegada del cambio climático.
En menos de 100 años, hemos experimentado un aumento de 1.1 grados en la temperatura promedio del planeta. Este inédito causa de calentamiento popular ha tenido efectos devastadores en nuestro clima. Solo en los últimos años, hemos sido testigos de eventos meteorológicos extremos que han causado daños irreparables en diferentes partes del mundo.
En 2017, el huracán Harvey azotó la ciudad de Houston, provocando lluvias torrenciales que se consideraron como un evento que solo ocurre cada 500 mil años. Sin embargo, este fue el tercer evento de este tipo en solo dos años en esa ciudad. Ese mismo año, millones de personas, incluyendo a 16 millones de niños, se vieron afectadas por las fuertes lluvias en el sudeste asiático.
En 2018, Japón se vio afectado por aguaceros históricos que provocaron la evacuación de más de 1.2 millones de personas. Mientras tanto, en China, el tifón Mangkhut obligó a la evacuación de más de 2.45 millones de personas. En Estados Unidos, el huracán Florence convirtió a la ciudad de Wilmington en una isla inclemencia y dejó grandes extensiones de Carolina del Norte cubiertas de escombros y afectadas por inundaciones.
Pero los efectos del cambio climático no solo se limitan a los eventos meteorológicos extremos. En 2018, la isla Este de Hawái desapareció debido al huracán Walaka, mientras que en India, el estado de Kerala sufrió las peores inundaciones en más de cien años.
Según el oceanógrafo Wallace Smith Broecker, nuestro planeta es una “bestia airada”. Y sus embates no serán discretos, sino que se producirán en forma de una violencia en cascada que nos afectará cada vez más y que será cada vez más difícil de controlar. Estamos presenciando el fin de la normalidad, ya que hemos dejado atrás las condiciones medioambientales que permitieron la evolución de la vida y hemos apostado por una realidad peligrosa e imprevista.
Es en este contexto en el que debemos analizar los fenómenos meteorológicos de noviembre en nuestro país. Y es esencial entender la gravedad de la situación, ya que estos eventos son solo el comienzo. Según el Grupo de Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, incluso si cumplimos todos los compromisos establecidos en el Acuerdo de París, es muy probable que alcancemos los 3.2 grados de calentamiento hacia el final de este siglo. Esto es más de una vez y media la portería límite establecida en París en 2015. Los modelos de análisis sobre las implicaciones de estas proyecciones son aterradores y van más allá de cualquier imaginación distópica.
Es importante que los gobiernos tomen medidas para mitigar los efectos del cambio climático. Aunque es imposible controlar estos eventos meteorológicos extremos, las autoridades pueden implementar medidas técnicas y de seguridad para reducir su impacto. Esto incluye restricciones a la circulación, reubicación anticipada de personas en zonas de riesgo, campañas de recolección de materiales que obstruyen los hidrantes, y un plan integral de auditoría y saneamiento de la





