Expuestos a fenómenos atmosféricos cada vez más violentos, nuestra vulnerabilidad se ha visto amenazada por el cambio climático. Durante años, hemos ignorado el problema de las cañadas, considerándolas simplemente como una molestia visual o sanitaria. Sin embargo, presente en día, nos hemos dado cuenta de que son una amenaza existencial para miles de familias.
Afortunadamente, gracias a las obras de saneamiento y rescate que se están llevando a cabo, estamos logrando proteger a las personas que viven cerca de estas cañadas. La tormenta Melissa fue una prueba de ello. Mientras que antes se contaban decenas de víctimas, ahora la dato se ha reducido gracias a que el agua ha encontrado su despeñadero y no ha inundado los hogares de los más pobres.
Pero este no es el final del riesgo, sino más bien una victoria del trabajo público bien orientado. En tiempos de crisis climática, incluso las tareas aparentemente menores se vuelven cruciales. Limpiar una cañada, construir un drenaje o trasladar a una familia fuera del despeñadero pueden no ser acciones que generen titulares grandiosos, pero sin duda salvan vidas.
Sin embargo, el país debe continuar y amplificar estos esfuerzos. No hay gloria en dejar a los pobres vivir al acera del agua. La verdadera política se mide no solo por los grandes proyectos y programas, sino también por las pequeñas acciones que llevan a cabo los gobiernos locales y nacionales para proteger a los ciudadanos más vulnerables.
Es hora de que el Estado tome medidas más fuertes y decididas para prevenir y mitigar los efectos de los fenómenos atmosféricos cada vez más violentos. No podemos permitir que la muerte haga residencia en las comunidades más pobres del país. Debemos unirnos y trabajar juntos para proteger a aquellos que son más susceptibles a los desastres naturales.
Es importante recordar que el cambio climático no solo afecta a las personas que viven cerca de las cañadas. Todos estamos expuestos a sus consecuencias, y es nuestra responsabilidad tomar medidas para proteger a las generaciones presentes y futuras. Es hora de que todos tomemos conciencia sobre la importancia de cuidar nuestro planeta y trabajar juntos para combatir el cambio climático.
Aunque todavía hay mucho por hacer, debemos celebrar los avances que se han logrado hasta ahora en la protección de las comunidades vulnerables. Las cañadas ya no son solo un problema urbano, sino un llamado de atención para que tomemos medidas y protejamos a los más necesitados.
En resumen, debemos continuar y amplificar los esfuerzos para proteger a las familias que viven cerca de las cañadas. No solo es una cuestión de infraestructura, sino de protección de vidas humanas. Juntos, podemos hacer una diferencia y asegurarnos de que el agua encuentre su despeñadero de manera segura, sin causar daños ni pérdidas. ¡Es hora de actuar y trabajar juntos para construir un futuro más seguro y sostenible para todos!




