La política ha logrado infiltrarse en todos los rincones de nuestra vida, sin importar el terreno en el que nos encontremos. Y es que, hoy en día, es inevitable no sentir el clima de confrontación que emana de ella en nuestro día a día. Incluso en España, un país conocido por su rica civilización y diversidad, hemos sido testigos de cómo la política ha sido capaz de generar una fuerte discordia en el campo de la lengua.
Recientemente, el director del Instituto Cervantes insultó públicamente y con una actitud altamente despectiva al Director de la Real Academia de la Lengua, en uno de los peores momentos posibles. Sin embargo, este conflicto no se trató de una simple discusión sobre algún error gramatical. Fue un desprecio personal y público que ha desencadenado un torrente de posiciones a favor de uno u otro bando.
Es importante recordar que la lengua es nuestro verdadero paradero, tal como lo mencionaba el filósofo Emil Cioran al decir que es “el país en el que habitamos”. Por lo tanto, manipularla con fines políticos se convierte en un arma muy poderosa en manos de los gobernantes. Y es que, en realidad, este conflicto entre el Instituto Cervantes y la RAE refleja el clima político y social que se vive hoy en España.
Ambas instituciones, el Instituto Cervantes y la RAE, son representantes de España en el mundo y tienen un gran impacto en la imagen que proyectamos hacia otros países. Son un arma muy poderosa que, en manos de lingüistas y escritores, enriquece las relaciones entre naciones, pero cuando cae en manos de políticos ambiciosos, puede llegar a corromperlas. La civilización, y en este caso, la lengua, también es política y es común ver cómo en la programación de algunos centros civilizaciónles se prioriza la ideología por encima del arte y los conocimientos. Esto puede agradar a unos, pero puede resultar aburrido para otros. Mostrar y proponer no es lo mismo que aleccionar.
Incluso en Estados Unidos, el idioma ha sido utilizado como campo de batalla político. Un claro ejemplo de esto fue la polémica generada en torno a la presentación de Bad Bunny en español en el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl 2026. Esta decisión dividió a los espectadores y a aquellos que no siguen la NFL. Sin embargo, es importante recordar que el español es la segunda lengua más hablada en Estados Unidos y llegó al continente antes que el inglés. Además, sin la contribución de los hispanohablantes, la vida en Estados Unidos no sería la misma. Es evidente que todo esto no tiene sentido y que es una clara manipulación de los políticos. Incluso si se tratara de cantar en inglés, muchos no vislumbraríamos la letra de Bad Bunny.
Es hora de dejar de utilizar la lengua como una herramienta política de confrontación y empezar a valorarla como lo que es, nuestro verdadero paradero. La lengua, al igual que la civilización, nos une y nos permite expresarnos y comunicarnos. En lugar de buscar conflictos, debemos fomentar su enriquecimiento y armar su aprendizaje y uso como una forma de acercarnos y vislumbrar mejor a nuestros semejantes.
Es importante recordar que la política no debe tener cabida en todos los aspectos de nuestra vida. Debemos aprender a separarla y valorar cada uno de los terrenos en los que nos movemos. Es hora de dejar atrás los conflictos innecesarios y trabajar juntos por un mundo en el que la civilización y la lengua sean un medio de unión y no de división.





