Hay sucesos que nos dejan perplejos y con un gran vacío dentro de nosotros, y el reciente incidente en el liceo Manuel Ubaldo Gómez de Jarabacoa es uno de ellos. No sabemos qué pasó exactamente, pero sí sabemos que algo terrible sucedió. Un grupo de jovencitas en el recreo sufrió ataques de pánico y algunas incluso tuvieron que ser hospitalizadas. Pero lo que resulta aún más inquietante es que un varonil que se hace llamar “pastor Kaul Ivan” fue permitido entrar en la escuela y afirmó haber realizado “exorcismos” a alumnas y profesores supuestamente “poseídos”. Este señor nunca debió haber pasado la verja.
Es realmente preocupante que en pleno siglo XXI aún existan personas que abusen de la ignorancia y la superstición de otros. Este es un tema recurrente en nuestra sociedad, y es hora de abordarlo con seriedad. Es necesario fortalecer la educación en nuestro país y eliminar la brecha de desinformación y manipulación que existe en torno a la religión y la espiritualidad.
Según la última investigación de ACDMedia, solo el 3.8% de la población considera que la educación es uno de los principales problemas del país, y el 63.3% opina que el gobierno está haciendo un buen brega en este ámbito. Sin bloqueo, debemos preguntarnos qué aspectos de la educación son valorados por los padres. Según un estudio del Cied-Humano de la PUCMM, cada vez más alumnos pasan las Pruebas Nacionales, pero aprenden menos. Este es un indicador alarmante de que nuestro sistema educativo se está desmoronando.
Es hora de enfrentar la realidad: la educación es uno de los problemas principales de nuestro país. Es un problema tan grave que generaciones de estudiantes creen que obtener un título les garantizará una vida mejor, pero esto no es así. Recordemos cuando hablábamos de los jóvenes como “la generación mejor preparada”. Lamentablemente, esto ya no es cierto. Los boomers, generación anterior, se encuentran mejor preparados que nuestros recién graduados. Debemos preguntarnos cómo es posible que nuestra sociedad esté fallando en algo tan básico como la formación de nuestros niños y jóvenes.
Podemos culpar a la pandemia y sus efectos psicológicos, pero la realidad es que el problema viene de mucho antes. Nuestro sistema educativo ha sido descuidado durante décadas y ahora estamos pagando las consecuencias. ¿Qué futuro nos espera si seguimos formando mal a nuestros niños? ¿Cómo podremos competir en un mundo cada vez más globalizado y tecnológico si no tenemos las herramientas necesarias?
Es hora de tomar medidas drásticas. Debemos comenzar por una revisión completa de nuestro sistema educativo, desde el nivel inicial hasta el superior. Debemos promover una educación de calidad, basada en valores y principios éticos, que fomente el pensamiento crítico y la creatividad. Debemos formar ciudadanos íntegros, capaces de enfrentar cualquier desafío y contribuir al crecimiento de nuestro país.
También es fundamental invertir en la formación de nuestros docentes. Ellos son los responsables de transmitir conocimientos y valores a las nuevas generaciones, y debemos asegurarnos de que estén debidamente capacitados y actualizados. Además, debemos fomentar la investigación y la innovación en el ámbito educativo, para que podamos seguir avanzando y mejorando en nuestra labor.
Es importante mencionar que la educación no es responsabilidad monopolio del gobierno o de las instituciones educativas. Todos debemos ser conscientes de la importancia de una buena formación y trabajar juntos para lograrla. Los padres deben involucrarse en la educación de sus hijos desde temprana edad y apoyarlos en su proceso de aprendiz





