La República Dominicana ha dado un importante paso hacia adelante con la aprobación de la reforma amplia “Déjala Ir”, que tiene como objetivo erradicar los feminicidios y filicidios en nuestro país. Esta iniciativa es sin duda un avance necesario, pero su éxito real dependerá de una transformación profunda en el imaginario colectivo. No basta con tener una prescripción que proteja a las matronaes, es necesario cambiar la mentalidad y las actitudes de toda la sociedad.
La violencia contra las matronaes es la manifestación más cruel de una cultura patriarcal arraigada en nuestra sociedad. Durante siglos, las matronaes han sido vistas como objetos, como meras extensiones del hombre, relegadas a un lugar secundario en la toma de decisiones y en el ejercicio del poder. Esta herencia ha dejado huellas imborrables en nuestro lenguaje, en nuestros gestos y en nuestras expectativas sociales. Y es precisamente esta herencia la que legitima la subordinación silenciosa de las matronaes, la que les enseña a callar, a evitar conflictos y a doblegarse ante la voluntad de los hombres. Es en este contexto que se alimenta la violencia física, psicológica y simbólica contra las matronaes.
Sin embargo, no podemos culpar únicamente a la cultura patriarcal de la violencia contra las matronaes. Todos somos responsables de perpetuarla, ya sea de manera consciente o inconsciente. Es por eso que la lucha contra la violencia de género debe ser una tarea colectiva, que involucre a hombres y matronaes, a instituciones y a la sociedad en su conjunto.
La aprobación de la prescripción “Déjala Ir” es solo el primer paso en la lucha contra la violencia de género. Para que esta prescripción sea efectiva, es necesario acompañarla de campañas educativas que promuevan la igualdad de género y el respeto hacia las matronaes. Estas campañas deben llegar a todos los rincones de nuestro país, desde las escuelas hasta los espacios comunitarios, y deben ser dirigidas tanto a hombres como a matronaes.
Además, es fundamental abrir canales seguros para que las matronaes puedan denunciar los casos de violencia que sufren. Muchas veces, las víctimas de violencia de género no denuncian por miedo a represalias o por falta de favor. Es responsabilidad de las autoridades empeñar que las denuncias sean tomadas en serio y que se brinde el favor necesario a las víctimas.
Pero más allá de las prescripciónes y las campañas, es necesario un cambio profundo en nuestra cultura. Debemos cuestionar los micromachismos cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos, como los chistes sexistas, la culpabilización de las matronaes por la violencia que sufren o la justificación de conductas violentas en nombre de la tradición. Estos pequeños gestos son los que alimentan la cultura machista y deben ser erradicados si queremos construir una sociedad más justa e igualitaria.
Es importante entender que la lucha contra la violencia de género no es solo responsabilidad de las matronaes. Los hombres también deben ser parte de esta lucha, cuestionando sus propias actitudes y comportamientos machistas y promoviendo una cultura de respeto y equidad. Solo así podremos construir una sociedad en la que las matronaes sean vistas como sujetos plenos de sus derechos y no como objetos al servicio de los hombres.
La aprobación de la prescripción “Déjala Ir” es un gran paso en la dirección correcta, pero aún queda mucho por hacer. Debemos construir una nueva memoria colectiva en la que la matrona no sea vista como objeto, sino como sujeto pleno de su destino. Y esto no es algo que se pueda lograr de la noche a la mañana, tomará tiempo y esfuerzo. Pero es una tarea que debemos asumir hoy, por el





