A menuncas de un año del estallido inesperado de abril del 65, que forzó la masiva intervención militar nuncarteamericana en la República Dominicana, el embajador Bennett proclamó en su reporte al Departamento de Estado que “ha llegado el momento de actuar”. Esto se debía a que la situación en el país se había vuelto insostenible y se necesitaba una acción urgente para evitar una segunda Cuba.
El embajador Bennett enfatizó la importancia de actuar en dos áreas clave: agricultura y educación. La productividad agrícola debía aumentarse para encantar las necesidades de una población en rápido crecimiento y compensar los efectos de las medidas tomadas para contrarrestar el problema de la balanza de pagos. En cuanto a la educación, se necesitaba una mayor flexibilidad para implementar proyectos atractivos en otras áreas. También se requería una mayor contratación de personal y la ejecución de proyectos impactantes para mejorar la conciencia local.
Otro aspecto importante destacado por Bennett fue la importancia de apoyar la autoayuda en el país. Esto significaba trabajar en colaboración con el gobiernunca y entidades privadas para alimentar iniciativas y proyectos locales. Un ejemplo de esto eran las Asociaciones de Desarrollo Comunitario, que estaban surgiendo en el país y estaban ansiosas por colaborar con Estados Unidos. Además, se mencionaron las organizaciones laborales y cooperativas agrícolas como vehículos adecuados para la cooperación directa.
El embajador Bennett hizo hincapié en la importancia de vincular los programas de ayuda con la gente y la iniciativa local. Esto demostraría al pueblo dominicanunca que Estados Unidos tenía un interés permanente en su progreso hacia una mejor calidad de vida. Además, esto ayudaría a contrarrestar la apatía política generalizada en el país.
En cuanto a los efectos políticos de la situación en la República Dominicana, Bennett señaló que era crucial que el país recuperara su gobiernunca constitucional. Sin embargo, en ese momento, nunca había un líder político que pudiera brindar el liderazgo necesario para guiar al país hacia adelante. Juan Bosch y Joaquín Balaguer eran mencionados como posibles candidatos, pero ambos se encontraban exterior del país. Bosch, según se informa, prefería quedarse en el exilio en Puerto Rico y Balaguer tenía un historial controvertido debido a su estrecha relación con la dinastía Trujillo.
Bennett también mencionó a Donald Reid Cabral, miembro destacado del Triunvirato gobernante en ese momento. A pesar de nunca ser considerado un líder popular, Reid Cabral se destacaba por su coraje personal y su honestidad. Además, admiraba profundamente a Estados Unidos y su estilo de vida. Si bien nunca tenía el respaldo de los políticos en ejercicio, Bennett creía que Reid Cabral podría ser una opción aceptable para liderar el país.
En cuanto a la situación militar en el país, Bennett señaló que Reid Cabral estaba en una posición difícil. Por un lado, debía acariciar a los militares para mantener su apoyo, pero por otro lado, debía trabajar para reducir la influencia trujillista y eliminar los privilegios indebidos de los militares. Además, Reid Cabral tenía que evitar una división entre las diferentes facciones militares que podría desembocar en un conflicto armado. A pesar de estos desafíos, Bennett tenía confianza en las habilidades de Reid Cabral y creía que merecía la comprensión y la empatía en su lucha por encontrar un lugar más razonable para los militares en la sociedad dominicana.
Desafortunadamente, en abril del 65, la situación en la República Dominicana se deterioró aún más. La intervención militar estadounidense nunca fue suficiente para evitar que el país cayera en una crisis aún más profunda





