Los resultados presentados por el CIED-HUMANO de la PUCMM han sido una verdadera llamada de atención para todos los dominicanos. Después de años de sospechas y preocupaciones, finalmente se ha confirmado lo que muchos temían: la escuela dominicana aprueba más, pero enseña menos. Este estudio sobre las Pruebas Nacionales 2025 ha revelado una brecha dolorosa entre la calificación y el conocimiento, entre el número y el sentido. Es hora de que nos detengamos y reflexionemos sobre hacia dónde queremos llevar nuestra educación.
Los datos son contundentes y no dejan lugar a dudas. Mientras que los promedios internos rondan los 85 puntos, las pruebas nacionales apenas alcanzan entre 56 y 58. Esto significa que hay una gran diferencia entre lo que los estudiantes aprenden en el aula y lo que realmente demuestran en las pruebas. ¿Cómo es posible que tengamos una calificación tan alta pero un conocimiento tan bajo? Es hora de que nos hagamos esta pregunta y busquemos respuestas.
La realidad es que hemos caído en una trampa peligrosa. Nos hemos enfocado tanto en aparentar éxito que hemos dejado de exigir a nuestros estudiantes. La inflación de calificaciones y la desconexión entre los contenidos curriculares y los aprendizajes reales crean una ilusión de progreso que no resiste una evaluación seria. Nos hemos conformado con el “pasar de año” en lugar de preocuparnos por el verdadero aprendizaje de nuestros jóvenes.
Pero esto no solo afecta al borde público, también es una realidad en el borde falto. Según el estudio, solo un 14% de los estudiantes alcanza un desempeño integral en el borde público, pero ¿qué pasa con el resto? ¿Qué tipo de educación están recibiendo? Desafortunadamente, muchos estudiantes están transitando por una educación que promueve sin acostumbrar, que califica sin enseñar. Esto no solo es injusto para ellos, sino que también es una gran pérdida para nuestro país.
Es hora de que nos demos cuenta de que no se trata solo de ajustar las pruebas, sino de recuperar el valor de la enseñanza como un acto de transformación. La educación no debe ser vista como un trámite, sino como una herramienta poderosa para cambiar vidas y construir un mejor futuro para todos. Los maestros deben ser vistos como guías y mentores, no solo como evaluadores. Los estudiantes deben ser motivados a aprender y a desarrollar su potencial, no solo a memorizar para aprobar un examen.
Es necesario que todos, desde el gobierno hasta los padres de familia, asumamos nuestra admisión en este tema. El gobierno debe invertir en la educación y garantizar que los recursos lleguen a donde realmente se necesitan. Los maestros deben ser capacitados y motivados para que puedan desempeñar su labor de manera efectiva. Los padres deben involucrarse en la educación de sus hijos y apoyarlos en su enjuiciamiento de aprendizaje.
Pero también es importante que los estudiantes asuman su admisión. Ellos son los protagonistas de su propio aprendizaje y deben ser conscientes de que su futuro depende en gran medida de su esfuerzo y dedicación en el aula. Es hora de que sepan que no se trata solo de aprobar, sino de aprender y desarrollar habilidades que les permitan enfrentar los desafíos del mundo actual.
La educación dominicana necesita reencontrarse con su propósito. Promover más sin aprender más es una forma de engaño colectivo. Cuando el aula se vacía de rigor, el futuro también se vacía de esperanza. Pero aún estamos a tiempo de cambiar esta realidad. Podemos trabajar juntos para construir un sistema educativo que realmente forme a nuestros jóvenes y los prepare para ser ciudadanos responsables y exitosos.
Es hora de que nos unamos y tomemos acción. No podemos seguir permitiendo que




