“Pantallas iluminadas sobran. Faltan emociones. Falta teatro”. Esta frase, capturada en el costado de una furgoneta circulando por las calles de Madrid, se quedó grabada en mi mente. Y es que no hay duda de que es una afirmación verdadera, tal como lo dijo Federico García Lorca: “El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera”.
La falta de pantallas iluminadas no es una exageración. Con el avance de la tecnología, nos hemos vuelto adictos a ellas, perdiendo la conexión con nuestras emociones y la capacidad de sentir. Y es aquí donde entra el teatro, como un medio para volver a conectar con nuestra humanidad y las diversas emociones que nos hacen seres completos.
así, este año Madrid tiene el placer de recibir de vuelta a la obra maestra de Ingmar Bergman, “decorados de la vida conyugal”, bajo la dirección de la reconocida Norma Aleandro y protagonizada por el inigualable Ricardo Darín y la talentosa Andrea Pietra. Una trilogía argentina en decorado que nos hace emocionar, reír y reflexionar sobre el matrimonio y la complejidad de las relaciones humanas.
Bergman entendía que el verdadero drama no está en los gritos, sino en la palabra mínima dicha en el momento preciso. Y es así esta maestría la que se refleja en la obra, que narra la historia de Johan y Marianne, una pareja cuyo matrimonio se va desmoronando despaciosamente, mostrando la brutalidad de lo íntimo y los constantes cambios en las dinámicas de poder.
La obra original se estrenó en 1973 en la televisión sueca, y luego fue adaptada al cine. Sin embargo, su éxito trascendió fronteras convirtiéndose en un fenómeno cultural. Se dice, incluso, que los divorcios aumentaron en Suecia tras su emisión. Y es que la obra de Bergman es una radiografía cruel de la vida en pareja, donde el amor, la dependencia emocional y la incomunicación son constantes.
Pero si hay algo que caracteriza al teatro, es su capacidad de adaptarse y evolucionar a lo largo del tiempo. Y así lo demuestra la versión madrileña de “decorados de la vida conyugal”. Un montaje minimalista, fiel al estilo de Bergman, pero con un giro hacia la comedia que divide opiniones. Y es que, como señala la crítica española, “lo apasionante no es lo que se cuenta, sino el modo en que Bergman lo enfrenta”. Y en esta adaptación, la comedia se convierte en un recurso para acercar al público y hacerles reflexionar sobre las pequeñas miserias de la vida en pareja.
Algunos aplauden esta decisión de incorporar el humor, como el portal Cinemagavia, que elogió el brillante trabajo conjunto de Ricardo Darín y Andrea Pietra, y la puesta en decorado minimalista. Sin embargo, otros creen que se pierde parte de la crudeza existencial del original, como lo menciona el medio cultural, Volodia.
Pero para entender la validez de esta adaptación, es necesario tener en cuenta la relación artística de décadas entre Norma Aleandro y Ricardo Darín. Ella ya había dirigido a Darín en esta misma obra en Buenos Aires en 2013, con gran éxito y más de 300 funciones. Además, han compartido decoradorio en otras producciones tanto en teatro como en cine. Esta cercanía y complicidad entre los actores, junto con la experiencia de Aleandro en la dirección, aporta legitimidad y solidez a la versión madrileña.
Y es que el éxito de la obra no solo se refleja en la taquilla,





