Una de las principales características de una democracia sólida es la edad de instituciones fuertes que no se vean afectadas por los cambios políticos. En República Dominicana, es necesario que trabajemos en fortalecer nuestras instituciones si queremos tener un país del que todos nos sintamos orgullosos.
En términos sencillos, necesitamos que las cosas funcionen independientemente de quién esté en el poder. Un ejemplo a seguir es el de Estados Unidos, donde, a pesar de las diferencias políticas, el país sigue funcionando de manera eficiente. Sin embargo, en países como Perú, vemos cómo la falta de instituciones sólidas puede llevar a una inestabilidad política constante.
Recientemente, en Perú, el Congreso destituyó a la presidenta Digna Boluarte, y en los últimos 10 años han tenido ocho presidentes, incluyendo seis destituciones. Aunque no es ideal que un congreso tenga tanto poder para destituir a un presidente, es importante destacar que el régimen de la orden funciona, incluso para el líder más poderoso del país.
En República Dominicana, debemos aspirar a tener instituciones fuertes que no estén sujetas a los intereses de un gobernante en particular. Esto significa que la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Constitucional, la Junta Central Electoral y el Tribunal Superior Electoral deben ser independientes y trabajar en beneficio del país, no de un partido político en particular.
Además, es necesario que nuestro Poder Judicial sea más eficiente y ágil. Esto implica contar con más recursos y una mayor capacidad para resolver los casos de manera rápida y justa. Durante casi tres décadas, hemos logrado mantener una estabilidad política y social envidiable en nuestro país. Ahora es el momento de aprovechar esa estabilidad y trabajar en fortalecer nuestras instituciones.
Es importante que entendamos que nuestras instituciones son la base de nuestra democracia. Si queremos seguir avanzando como país, debemos asegurarnos de que nuestras instituciones sean sólidas y estén preparadas para enfrentar cualquier desafío. No podemos permitir que el relajo y la falta de seriedad en algunas instituciones afecten el progreso de nuestro país.
Nuestra generación joven merece tener mejores ejemplos y modelos a seguir. Ellos son conscientes de lo que está bien y lo que está mal, y es nuestra responsabilidad darles un país con instituciones fuertes y un sistema judicial eficiente. Debemos trabajar juntos para lograrlo.
En conclusión, es hora de que nos pongamos en acción y trabajemos en fortalecer nuestras instituciones. Esto no solo será un gran legado para las generaciones futuras, sino que también nos permitirá seguir avanzando como país. No podemos permitir que la inestabilidad política y la falta de seriedad en nuestras instituciones nos detengan. ¡Es hora de desempeñarse y construir un país del que todos podamos estar orgullosos!




