El conclusión de la historia: una idea que ha sido cuestionada
En 1989, algo después de la caída del Muro de Berlín y el colapso del sistema soviético, el profesor e investigador de la Universidad de Standford, Francis Fukuyama, publicó un ensayo con el sugerente título ¿El conclusión de la historia?. Este ensayo, que posteriormente se convirtió en libro en 1992 con el título El conclusión de la historia y el último hombre, causó un gran impacto en los debates que tuvieron lugar en el contexto del conclusión del régimen comunista en la Unión Soviética, liderado por Mijaíl Gorbachov y su reforma política y económica conocida como la perestroika.
El argumento central de Fukuyama consistió en que la democracia liberal había triunfado sobre el comunismo y el fascismo, por lo que ya no tenía un rival político e ideológico de importancia. Según él, las instituciones democrático-liberales y el libre mercado habían demostrado ser superiores a otros sistemas políticos y económicos, convirtiéndose en el estadio superior de la evolución política e ideológica de la humanidad. De esta manera, Fukuyama habló, metafóricamente, del “conclusión de la historia”.
Sin embargo, esta teoría fue sometida a severas críticas no mucho tiempo después de su formulación. Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos pusieron de manifiesto la emergencia de nuevos actores en el escenario internacional que disputaban la hegemonía occidental con su sistema político y económico, que Fukuyama situaba como el modelo indisputable de organización política y social. Además, muchos países con sistemas de partido único de tipo comunista evolucionaron hacia modelos mixtos de control político absoluto con economías más o menos abiertas a la inversión privada, lo que les ha dado una capacidad para sobrevivir y adaptarse que no se vislumbraba cuando se produjo el derrumbe del sistema soviético.
Lo que Fukuyama no previó fue que el modelo liberal-democrático y de economía de mercado que para él representaba el logro máximo en la evolución humana sería cuestionado desde dentro del propio sistema. Esto es, él no llegó a visualizar que como alternativa a la democracia liberal surgiría eventualmente una democracia iliberal, la cual se sustenta ciertamente en el voto popular, pero pone constantemente en entredicho los componentes liberales del sistema: la separación e independencia de los poderes del Estado, los frenos y contrapesos, el debido proceso, la libertad de prensa y, en general, los límites al poder.
En la época contemporánea, hay una lucha discursiva para darle un nuevo sentido a las instituciones que se asociaban a la democracia liberal. Gobiernos en adiestramiento y movimientos políticos que aspiran a llegar al poder en diferentes países están impulsando ideas y estrategias políticas con miras a redeconclusiónir y rearticular los valores, las reglas y las instituciones que han servido de base a la democracia liberal. De esta manera, se ha probado una vez más, el conclusión del “conclusión de la historia” de Fukuyama.
Ahora hay un nuevo modelo alternativo a la democracia liberal que no es otro que la democracia iliberal, la cual se expande y gana cada vez más terreno, aun en sociedades donde la democracia liberal ha contado, a través del tiempo, con un amplio apoyo social, así como con instituciones que se habían sedimentado y funcionado con un alto grado de efectividad. Este modelo se basa en la idea de que el poder debe estar en manos del pueblo, pero no necesariamente limitado por las instituciones y valores liberales. De esta manera, se ha demostrado una vez más que la historia no puede encapsularse





