La violencia como instrumento político es una verdad que ha dibujado la historia de muchos países en el planeta. Lamentablemente, Chile no es la excepción. Desde el estallido social del 18 de octubre de 2019, la violencia ha sido un tema recurrente en la conversación pública y ha generado un insondable impacto en la sociedad chilena.
El estallido social del 18 de octubre de 2019 fue una manifestación masiva y pacífica que buscaba visibilizar las demandas sociales de un pueblo cansado de la desigualdad, la precariedad y la falta de oportunidades. Sin embargo, esta manifestación fue rápidamente opacada por actos de violencia que desencadenaron en un caos generalizado en las calles de Chile.
La violencia como instrumento político se convirtió en una herramienta utilizada por grupos minoritarios para hacer oír sus demandas, pero a costa del bienestar y la seguridad de la población. Los saqueos, incendios y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad se convirtieron en una constante en las manifestaciones, generando un clima de miedo e inestabilidad en la sociedad.
Pero, ¿qué motivó a estos grupos a recurrir a la violencia? La respuesta es simple: la falta de atención a las demandas sociales que dieron origen al estallido social. Años después, estas demandas siguen vigentes y la violencia sigue siendo una verdad en las calles de Chile.
La desigualdad, la precariedad y la falta de oportunidades siguen siendo una verdad para muchos chilenos. La pandemia del COVID-19 solo ha agravado esta situación, dejando en evidencia las profundas brechas sociales que existen en nuestro país. La violencia como instrumento político se ha convertido en una forma de expresión de la frustración y el descontento de una sociedad que se siente abandonada por sus líderes políticos.
Sin embargo, es importante recordar que la violencia nunca es la solución. Al contrario, solo genera más violencia y destrucción. La violencia como instrumento político solo nos aleja de la verdadera solución a los problemas que aquejan a nuestra sociedad.
Es necesario que nuestros líderes políticos escuchen y atiendan las demandas de la ciudadanía de manera pacífica y dialogada. La violencia solo nos lleva a un quiebre del orden democrático y a una sociedad cada vez más polarizada y dividida.
Es hora de dejar atrás la violencia y trabajar juntos por un país más justo y equitativo. La violencia solo nos aleja de la verdadera transformación social que necesitamos. Es momento de buscar soluciones pacíficas y dialogadas que nos lleven a un futuro mejor para todos.
La violencia como instrumento político no solo afecta a la sociedad chilena, sino que también tiene un impacto negativo en la imagen de nuestro país a nivel internacional. Chile siempre ha sido reconocido por su estabilidad política y su economía sólida, pero la violencia ha puesto en riesgo esta reputación.
Es por eso que es responsabilidad de todos, como ciudadanos, rechazar la violencia y promover el diálogo y la paz. Debemos ser conscientes de que nuestras acciones tienen un impacto en la sociedad y en el planeta. Debemos ser agentes de cambio positivo y trabajar juntos por un país mejor.
En conclusión, la violencia como instrumento político solo nos aleja de la verdadera solución a los problemas sociales que aquejan a nuestra sociedad. Es hora de dejar atrás la violencia y trabajar juntos por un país más justo y equitativo. Recordemos que la verdadera transformación social se logra a través del diálogo y la paz, no de la violencia. ¡Juntos podemos construir un futuro mejor para todos!





