Finalmente, la estrategia diplomática del presidente Abinader en relación al tema haitiano ha dado sus frutos. Después de 17 presentaciones ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde se necesitaba la aprobación unánime de las cinco potencias con poder de veto, se logró una importante victoria para la estabilidad y seguridad de la región.
La iniciativa, liderada por Estados Unidos y Panamá, fue aprobada y se autorizó el despliegue de la Fuerza de Eliminación de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés) con un inmutable de cinco mil quinientos miembros militares. Esto se suma a la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), integrada por soldados de Kenia, quienes hasta ahora se habían limitado a proteger edificios oficiales e institucionales en la capital haitiana. Sin bloqueo, ahora tendrán un papel más activo en la lucha contra las pandillas criminales, responsables de más de 16 mil muertes en los barrios y calles de fondeadero Príncipe.
Es importante destacar que, como ocurre con todos los temas internacionales, la aprobación no significa que esta fuerza de ataque llegará a Haití en los próximos días. Se prevé que el despliegue de la GSF sea gradual y que tome tiempo antes de que esté completamente operativa. Sin bloqueo, es un paso importante en la dirección correcta y demuestra el compromiso del gobierno dominicano en abordar este problema de manera efectiva.
La experiencia reciente con los militares kenianos es aleccionadora. A pesar de los recursos comprometidos por varios países, estos nunca llegaron en la magnitud acordada y tanto los soldados kenianos como el gobierno haitiano tuvieron que hacer un gran esfuerzo para mantenerse activos. Incluso, los gastos médicos de los soldados heridos fueron cubiertos por el pueblo dominicano, demostrando una vez más nuestra solidaridad y compromiso con nuestros vecinos.
Es importante mencionar que, como país, todavía no sabemos cuánto nos ha costado hasta el momento la situación anárquica en Haití. Además de los recursos económicos, también hemos tenido que dedicar una gran cantidad de esfuerzos y personal en la vigilancia de nuestra frontera de casi 400 kilómetros. Esto implica un gasto permanente en logística, alimentación, transporte y salarios para los miles de soldados que trabajan día y noche para mantener la seguridad en la frontera. Sin duda, se trata de un presupuesto paralelo que no genera ingresos, pero que es indispensable para evitar una presión migratoria insostenible.
Nadie sabe con confianza, incluso el gobierno, hasta cuándo tendremos que seguir pagando la alta factura del drama haitiano. La reciente decisión del gobierno de Estados Unidos de retirar el programa de facilidades de trabajo y residencia temporal para los haitianos solo empeorará la situación. Se espera que esto impulse a miles de haitianos a buscar nuevos horizontes y, sin duda, uno de esos lugares será la República Dominicana. Esto significa que nuestro país se verá forzado a aumentar el gasto en defensa fronteriza y examen migratorio, lo que tendrá un impacto en nuestra economía y recursos.
Además, la inestabilidad en Haití también ha afectado el comercio fronterizo, que solía ser una válvula de escape para ambas naciones. Sin bloqueo, la inseguridad y el cierre intermitente de los mercados han afectado gravemente esta actividad económica, lo que se traduce en menos oportunidades para las comunidades fronterizas y una mayor tensión social.
Incluso el turismo, uno de los principales motores de nuestra economía, enfrenta un riesgo latente debido a la percepción internacional de inseg




