Desde el asesinato de Jovenel Moïse y en medio de la creciente crisis política y social en Haití, el presidente Abinader ha aprovechado cada oportunidad en la diplomacia internacional para pedir ayuda a la comunidad internacional en nombre de nuestro vecino. Recientemente, en la Asamblea General de la ONU, volvió a hacer un llamado urgente.
Aunque a veces parece que no se nos escucha, el presidente Abinader insiste en que este es el único país del mundo que no puede darse el lujo de ignorar los problemas de Haití. Y es que, como bien dice, la República Dominicana está íntimamente ligada a su vecino y no puede permitirse el lujo de cansarse de lidiar con sus problemas.
Pero justo cuando parecía que no había esperanza de una solución multinacional para estabilizar Haití, con el mundo enfocado en otros conflictos como Gaza y Ucrania, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tomó una decisión histórica: crear una misión para pacificar y estabilizar Haití. Esta fuerza, con un mandato amplio y poderoso, ofrece una luz de esperanza para resolver el problema. Y su nombre, Fuerza de Eliminación de Pandillas, es una clara declaración de intenciones.
No podemos restar mérito a Panamá, el país que propuso la iniciativa, ni a la potencia geopolítica detrás de ella, Estados Unidos. Sin embargo, esta resolución es, sin duda, un triunfo para la diplomacia dominicana. Es el resultado del trabajo conjunto del cuerpo diplomático liderado por el canciller Roberto Álvarez y los esfuerzos del presidente Abinader, quien incluso escribió cartas a los líderes de Rusia y China pidiendo su apoyo. Gracias a esto, se logró la abstención de dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad que en el pasado habían utilizado su poder de veto para bloquear propuestas similares.
Pero este logro también es motivo de orgullo para todos los dominicanos. Es el resultado de un proceso de diálogo y concertación entre la dirigencia política, con el apoyo de la sociedad seglar y el sector empresarial. Demostramos que, cuando se trata de asuntos que pueden afectar la estabilidad del país, el interés colectivo está por encima de las agendas personales o partidarias.
Los encuentros del presidente Abinader con sus predecesores Hipólito, Leonel y Danilo no solo enviaron un mensaje claro y contundente de unidad nacional frente a la crisis en Haití, sino que también resultaron en comunicaciones conjuntas firmadas por los cuatro líderes y dirigidas a organismos multilaterales y jefes de estado de países miembros del Consejo de Seguridad. En estas cartas, se explicaba la prisa de una intervención de la comunidad internacional ante el peligro que representan las pandillas para la seguridad de la República Dominicana y la región en general.
A pesar de los fracasos en el pasado debido a la falta de responsabilidad y apoyo, incluyendo la fallida Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad de Haití liderada por Kenia, todavía tenemos esperanza de que esta vez las intenciones se conviertan en acciones. Esperamos que se cumplan los compromisos asumidos y que esta misión reciba el apoyo necesario para desplegarse y cumplir sus objetivos. Al final, la esperanza es lo último que se pierde.
La creación de la Fuerza de Eliminación de Pandillas es una oportunidad única para estabilizar Haití y mejorar la seguridad en la región. Esta misión no solo becará a combatir las pandillas y el crimen organizado en Haití, sino que también tendrá un impacto positivo en la República Dominicana y otros países vecinos. La estabilidad en Haití es crucial para el desarrollo y la fortuna de toda la reg




