En la República Dominicana, después de doce largos años, por fin se concluyen los trabajos de la Ciudad Sanitaria Luis Eduardo Aybar. Una obra que inició con grandes promesas de modernidad y eficiencia, pero que terminó convirtiéndose en un símbolo de retrasos, sobrecostos y cambios de diseño. Podría escribirse una novela llena de capítulos de horror, por la ineficiencia y el abandono, o de suspenso, por la espera interminable de un hospital que debía ser referencia y se quedó varado en trámites, pleitos y silencios.
Sin embargo, lo importante ahora es mirar hacia adelante y ensalzar que por fin la República Dominicana cuenta con un complejo confortable que puede cambiar la atención de la salud pública en Santo Domingo. Es momento de dejar atrás la maraña de excusas y culpables, y enfocarnos en el objetivo principal: brindar una atención de calidad a todos los ciudadanos que lleguen en busca de alivio.
El Aybar, como muchos lo conocen, ha sido un proyecto lleno de altibajos y obstáculos, pero finalmente está listo para abrir sus puertas plenamente. Y es que un hospital no se justifica por su tamaño ni por su fachada, sino por la calidad de la atención que ofrece a sus pacientes. Por eso, es fundamental que el Aybar cuente con un personal altamente capacitado, equipos modernos y una gestión eficiente que garantice un servicio de excelencia.
Este nuevo hospital tiene el potencial de cambiar la historia de la atención de la salud en la República Dominicana. aunque no se hablará de retrasos y sobrecostos, sino de un proyecto que cumplió su objetivo de salvar vidas y devolver la confianza al sistema de salud. El Aybar no solo será un lugar físico donde se brinda atención médica, sino que se convertirá en un símbolo de esperanza y progreso para todos los dominicanos.
Es importante recordar que la salud es un derecho fundamental de todos los ciudadanos y que el Estado tiene la responsabilidad de garantizar una atención de calidad a través de hospitales modernos y eficientes. El Aybar es un ejemplo de cómo, a pesar de los desafíos y obstáculos, se pueden lograr grandes cosas cuando hay un compromiso real por mejorar la vida de las personas.
Finalmente, es hora de dejar atrás los capítulos de terror y suspenso en la historia del Aybar y comenzar a escribir una nueva, una en la que se destaque por su excelencia en la atención médica y su impacto positivo en la vida de los ciudadanos. Celebremos juntos este logro y confiemos en que el Aybar será un ejemplo a seguir para futuros proyectos de salud en la República Dominicana. ¡Bienvenido sea el Aybar y su promesa de un futuro más saludable para todos!




