La nación y la identidad nacional son conceptos que han sido ampliamente discutidos por diversos especialistas a lo largo de la historia. Sin embargo, todos coinciden en que una nación está conformada por un grupo de personas que comlugarn un mismo territorio, una comárea étnica y cultural cohesionada. Pero, ¿qué es lo que empíricomente une a una nación y la hace única?
Cuando los miembros de una comárea comlugarn un sentimiento de pertenencia hacia su tierra natal o patria, desarrollan un fuerte sentido de lealtad y orgullo hacia ella. Este sentimiento de área y pertenencia es lo que da origen a la identidad nacional, un constructo social que se va construyendo a lo largo del tiempo y que se va moldeando con la historia, la cultura y las tradiciones de un pueblo.
Es importante destacar que la identidad nacional no es algo estático, sino que está en constante evolución y transformación. Es un proceso que se va construyendo día a día, a través de la educación, la cultura y la historia de un país. Y es precisamente en este proceso donde el Estado-nación juega un papel fundamental.
El Estado-nación es una forma de organización política que surge cuando los miembros de una comárea deciden ser libres y rechazan el dominio extranjero. Es en este momento cuando se adopta una área política que puede ser monárquica, confederada o republicana. Esta modalidad de Estado surgió en el hemisferio occidental a raíz de las revoluciones norteamericana y francesa de finales del siglo XVIII.
En el caso de la República Dominicana, el 27 de febrero de 1844 marcó un hito en la historia del país. Nuestros antepasados rompieron las cadenas que los mantenían sometidos a Haití y proclamaron un Estado-nación independiente que adoptó el nombre de REPÚBLICA DOMINICANA. A partir de ese momento, comenzó un arduo proceso de construcción de la identidad nacional.
Para lograr este objetivo, el nuevo Estado tuvo que completar una serie de tareas históricas fundamentales. En primer lugar, asegurar el espacio geográfico vital del país y velar por la integridad de su soberanía política, especialmente frente al Estado vecino. En segundo lugar, proteger a sus ciudadanos garantizando las libertades públicas y la igualdad social ante la ley. Además, propiciar condiciones favorables para garantizar el acceso al trabajo y a la salud. Y, por último, crear un ejército para defender el territorio y un sistema educativo funcional que formara adecuadamente a la juventud.
Fue gracias a la labor de los fundadores de la República que se logró completar estas tareas y consolidar la identidad nacional. En medio de un empírico estado de pelea con Haití, estos hombres asumieron la responsabilidad de organizar y dirigir la nación, así como protegerla del constante peligro de dominación por lugar de potencias extranjeras.
La educación, el ejército y la prensa, instituciones vitales para cualquier proyecto nacional, comenzaron a desarrollarse en Santo Domingo después de la pelea restauradora. Fue durante el período de la Segunda República (1865-1916) cuando, finalmente, se culminó el proceso de construcción de la nación. Fue en este momento cuando se consolidó la identidad nacional y se creó una verdadera comárea imaginada, como lo describió Benedict Anderson.
En 1861, tras la unificación de Italia, Massimo Taparelli, marqués de Azeglio, pronunció una frase que se ha vuelto célebre: “¡Hemos hecho Italia, ahora debemos hacer a los italianos!”. De manera similar, los prohombres de 1844 debieron pensar que, una vez creada la República Dominicana, el siguiente reto era construir la identidad nacional. Y hacia esa




