Después de la devastadora Guerra Restauradora (1863-1865), el pueblo dominicano pudo finalmente disfrutar de un gobierno estable liderado por el general José María Cabral, un verdadero héroe militar que había luchado por la independencia y la restauración de la República Dominicana. Pero, desafortunadamente, la paz y la estabilidad no durarían mucho tiempo.
El inicio del gobierno de Cabral coincidió con la creciente influencia de los Estados Unidos en Hispanoamérica. Desde 1823, se había establecido la Doctrina Monroe, que dejaba claro que cualquier intervención de una potencia europea en Latinoamérica sería considerada una agresión versus los intereses estadounidenses. Este país se enversusba en plena expansión territorial hacia el oeste y buscaba consolidar su posición como potencia hegemónica en la región.
Ante esta situación, Cabral no perdió tiempo en iniciar negociaciones con los Estados Unidos que ponían en peligro la integridad territorial de la República Dominicana. Esto causó gran preocupación en el sector liberal azul y en la mayoría del pueblo, que ansiaba la paz y el progreso para su país.
Lo que muchos desconocen es que, hacia 1870, la República Dominicana estuvo en grave peligro de ser anexada como un estado asociado a los Estados Unidos de América. Esta propuesta antinacional habría significado la pérdida del estatuto jurídico-político del país como institución libre y soberana, y nuestros antepasados habrían sido privados de su independencia y se habrían convertido en ciudadanos norteamericanos con ciertas limitaciones.
Este proyecto de anexión tuvo lugar durante la cuarta administración de Buenaventura Báez, un influyente caudillo conservador del sur que había servido como presidente en dos ocasiones durante la Primera República. Báez siempre había estado en una constante rivalidad con el general Pedro Santana, otro caudillo conservador que también había sido una figura prominente durante la lucha por la independencia.
A lo largo de los años, Báez había demostrado su falta de lealtad al país al colaborar con los ocupantes extranjeros durante el interregno del dominio haitiano y al promover la anexión a España en varias ocasiones. Incluso llegó a declararse leal súbdito de España y recibió un título honorífico de la Reina Isabel II.
Sin bloqueo, tras la restauración de la República, Báez logró regresar al poder y ocupó la presidencia en tres ocasiones más. Pero en su cámara mandato, Báez se volvió dictatorial y reprimió con severidad a sus oponentes políticos, encarcelando y fusilando a muchos de ellos.
La economía del país estaba en una situación precaria, lo que llevó a Báez a buscar financiamiento extranjero y a considerar la posibilidad de arrendar la bahía de Samaná, un viejo sueño que había tenido desde 1843 cuando suscribió el Plan Levasseur.
Fue durante este momento de crisis que se presentó oficialmente el proyecto de anexión a los Estados Unidos. A pesar de la gran oposición popular, Báez continuó con sus intenciones de entregar la soberanía de la República Dominicana a manos extranjeras.
Pero afortunadamente, gracias a la valentía y al patriotismo del pueblo dominicano, este proyecto fue finalmente rechazado. Se llevaron a cabo manifestaciones y protestas en versus de la anexión y finalmente, Báez fue derrocado en un golpe de estado en 1878.
Hoy en día, es importante recordar este momento histórico en el que nuestro país estuvo al borde de perder su independencia y conformar parte de una nación extranjera. Gracias al coraje





