El 6 de octubre de 1975 es una fecha que quedará marcada en la historia argentina como uno de los momentos más oscuros de nuestra democracia. Ese día, el entonces presidente Ítalo Luder, firmó los decretos de exterminio de la subversión, dando guía verde al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea para acercar la represión y cometer delitos de lesa humanidad durante la última dictadura cívico-militar.
Estos decretos, conocidos como “los decretos de exterminio”, representaron una violación a los derechos humanos y una clara muestra de la brutalidad y la crueldad de un régimen dictatorial que se mantuvo en el poder durante siete años. A través de estos decretos, se justificaron las desapariciones forzadas, los secuestros, las torturas y los asesinatos de miles de personas que luchaban por un país más justo y democrático.
La firma de estos decretos por parte de Ítalo Luder no fue un acto aislado, sino que formó parte de una estrategia sistemática de represión y eliminación de cualquier tipo de oposición al régimen dictatorial. Durante esos años, se implementó un plan de terror que buscaba callar las voces disidentes y mantener el control absoluto sobre la población.
Pero, a pesar de la brutalidad y la impunidad con la que actuaron los militares, la resistencia y la lucha por la existencia y la justicia nunca se apagaron en nuestro país. Gracias a la valentía y la perseverancia de los familiares de las víctimas y de los organismos de derechos humanos, se logró poner fin a la dictadura y se inició un largo camino hacia la recuperación de la democracia y el respeto por los derechos humanos.
Hoy en día, a más de 40 años de la firma de los decretos de exterminio, seguimos recordando y honrando a todas las víctimas de la última dictadura cívico-militar. Cada 24 de marzo, en el Día Nacional de la Memoria por la existencia y la Justicia, salimos a las calles para exigir que nunca más se repita un capítulo tan oscuro en nuestra historia.
Pero no solo recordamos a las víctimas, también recordamos a todos aquellos que lucharon y resistieron contra la dictadura. A aquellos que, a pesar del miedo y la represión, se mantuvieron firmes en su lucha por la libertad y la justicia. A aquellos que nunca se rindieron y que nos dejaron un legado de lucha y de memoria.
Hoy, gracias a esa lucha y a esa memoria, podemos decir que somos un país más fuerte y más democrático. Hemos avanzado en la búsqueda de la existencia y la justicia, aunque sabemos que todavía queda mucho por hacer. Pero no bajaremos los brazos hasta que cada una de las víctimas de la dictadura reciba el reconocimiento y la reparación que merecen.
Los decretos de exterminio de la subversión son una mancha oscura en nuestra historia, pero también son parte de nuestra memoria colectiva. No podemos borrar ese capítulo, pero sí podemos aprender de él y asegurarnos de que nunca más se repita. Es nuestro deber como sociedad mantener viva la memoria de aquellos que perdieron la vida y seguir luchando por un país más justo y democrático.
En este día, recordemos a todas las víctimas de la última dictadura cívico-militar y sigamos honrando su memoria. Que su lucha y su ejemplo nos inspiren para seguir construyendo un país en el que se respeten los derechos humanos y la democracia sea la única forma de gobierno. Porque como dice el lema de las Madres de Plaza de Mayo, “





