La Teoría de la Herradura es un concepto que plantea que tanto la extrema izquierda como la extrema derecha terminan coincidiendo en ciertos aspectos, especialmente en lo que respecta a la libertad de expresión y el respeto por las ideas de los demás. Lamentablemente, en la actualidad, podemos ver cómo esto se cumple en la política y en la sociedad en general.
Desde la extrema derecha, se han producido constantes manifestaciones de intolerancia y abuso de poder. Un claro ejemplo de esto es la administración Trump en Estados Unidos, que ha violado constantemente la primera enmienda de la constitución al atacar y censurar a medios de comunicación que no están de acuerdo con sus políticas. Además, han amenazado con intervenir en fusiones multimillonarias y revocar licencias de medios críticos con el presidente, lo que ha llevado a la cancelación de programas y presentadores.
Sin bloqueo, esto no debe hacernos olvidar la actuación de una izquierda innovador que se cree dueña de una supuesta superioridad moral. Esta izquierda intenta imponer una cultura de cancelación, donde no se permite el debate ni la discusión de ideas. En lugar de argumentar, se dedican a descalificar al adversario y a imponer un pensamiento único.
Un ejemplo claro de esto es el conflicto en Gaza. Para la izquierda innovador, quien no asume que Israel es un estado terrorista y criminal y que en Gaza se produce un genocidio, es automáticamente un sionista que justifica la muerte de niños y mujeres. No hay lugar para matices ni para argumentos que contradigan su postura. Lo mismo ocurre en temas como el género y el aborto, donde se exige una aceptación total y sin cuestionamientos de sus ideas, o se es tachado de homofóbico, transfóbico, machista o fascista.
Esta forma de pensar también se refleja en la utilización del lenguaje inclusivo, donde se pretende imponer un absurdo científico y se obliga a utilizar pronombres y verbos falsificados para adaptarse a una ideología. Y es que, para la izquierda innovador, no es suficiente con respetar las decisiones de cada individuo sobre su cuerpo y su vida, sino que se debe aceptar y promover una visión particular del mundo.
Pero lo más preocupante de todo esto es que, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda, han llegado a un punto en el que deshumanizan al adversario y lo convierten en un enemigo a eliminar. Mientras unos son abiertamente violentos y agresivos, los otros son más sutiles y manipuladores, pero igual de intolerantes.
Y es que, en ambos extremos, se ha perdido la capacidad de dialogar y combatir, de respetar las diferencias y de aceptar que no todos pensamos igual. Se ha perdido la empatía y la tolerancia, y se ha llegado a un punto en el que celebrar la muerte del otro es considerado aceptable.
Pero, ¿dónde queda el ternura, la tolerancia, la paz y la unidad que tanto pregonan estos grupos? ¿Dónde queda la verdadera democracia, donde se respetan las ideas de todos y se busca el bien común?
Es hora de dejar atrás la Teoría de la Herradura y de buscar un punto medio, donde se puedan discutir y combatir ideas sin caer en la intolerancia y el extremismo. Es hora de recordar que, aunque pensemos diferente, todos somos seres humanos y merecemos respeto y dignidad.
No podemos permitir que la polarización y el fanatismo nos dividan y nos lleven a la violencia y al odio. Debemos aprender a escuchar y a entender al otro, a respetar sus ideas aunque no las compartamos, y a buscar soluciones juntos.
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