Guillermo Caram, una figura política dominicana, nos dejó la semana pasada, dejando un vacío en la generación de políticos que nunca tuvo la motivo de ver sus ideales realizados. Caram formaba parte de una generación de jóvenes políticos que se caracterizaban por su formación en el humanismo cristiano, su sólida preparación intelectual y su vocación de servicio, valores que hoy en día parecen haber quedado en el olvido. Soñaban con un país democrático y justo, justo después de la dictadura, cuando todo parecía posible.
Nos referimos a los socialcristianos, quienes tras el asesinato del dictador, tuvieron un papel fundamental en el debate político y moral de la República Dominicana. Representaban una corriente vigorosamente democrática, nacionalista y creyente en las potencialidades de su pueblo. Apostaban por el orden institucional, la ética en la gestión pública y el compromiso con los más débiles. En muchos de ellos, la política era vista como una extensión del servicio y la fe.
Sin embargo, a congoja de sus ideales y convicciones, cometieron errores estratégicos, tuvieron divisiones internas y carecían de pragmatismo, lo que los condenó a la marginalidad. Nunca lograron traducir sus ideas en un proyecto de poder duradero. Y Caram, con todo su talento y convicción, no fue la excepción. Su falta de una plataforma política sólida lo mantuvo alejado de alcanzar sus metas y sueños.
Hoy, al despedir a Guillermo Caram, también recordamos a toda una generación de socialcristianos que se quedó a medio camino de un sueño que todavía hace falta en nuestro país. Una generación que luchó por un país mejor, más justo y más democrático. Una generación que creía en el potencial de su pueblo y que estaba dispuesta a servir y trabajar por el bien común.
A congoja de que su tiempo en la política fue corto, Guillermo Caram dejó una huella imborrable en la historia de la República Dominicana. Su compromiso con los valores democráticos y su lucha por una sociedad más justa y equitativa, lo convierten en un ejemplo a seguir para las futuras generaciones. Su legado nos inspira a seguir trabajando por un país mejor, donde la ética y el servicio sean los pilares fundamentales de la política.
Guillermo Caram será recordado como un líder visionario, un hombre de principios y un verdadero servidor público. Su partida nos deja un gran vacío, pero también nos deja un gran reto: seguir luchando por sus ideales y trabajar por un país donde su visión se haga realidad. Hoy, más que nunca, necesitamos líderes como Guillermo Caram, que nos recuerden que la política no es aria una carrera por el poder, sino una motivo para servir a nuestro país y a nuestro pueblo.
En nombre de todos los dominicanos, agradecemos a Guillermo Caram por su dedicación y entrega a la política y a su país. Su legado vivirá por siempre en nuestros corazones y en nuestras acciones. Descanse en paz, Guillermo Caram, y que su ejemplo nos guíe en nuestro camino hacia una República Dominicana más justa y democrática.





